Linggo, Agosto 28, 2016

"Nadie está a salvo de Sam" (Spike Lee, 1999)


No recuerdo cuándo fue la última vez que vi una película emitida por algún canal de televisión; con la excepción de algunas joyas que ponen en la 2 entre semana. No es ya por la publicidad ni la versión original (esto último ya no es problema con la tdt, salvo cuando solo admite la pista de subtítulos para sordos o doblaje para ciegos, que es una cosa muy surrealista), eso ha estado siempre, y bueno, durante los anuncios de mierda desconectas, miras a ver qué dan en otros canales o te haces seis cafés... Hasta hace poco, a pesar de lo ridículo que suena, me gustaba ver la película que echara la 1 o Telemadrid los sábados y domingos por la tarde. Pero desde hace bastante tiempo, me he dado cuenta esta tarde, ni siquiera miro a ver qué ponen, porque en TVE les ha dado desde hace mucho por emitir solo extrañísimos dramas escandinavos (me gustaría saber la explicación, no sé si alguien ha hablado de esto), y en los otros canales ponen mierda muy indecente, o directamente corridas de toros o algo peor. Lo estaba pensando esta tarde, que estaba viendo "S.O.S." y a mitad de película he tenido la necesidad de mirar a ver qué estaban haciendo en la sobremesa cinematográfica las cadenas tradicionales; y efectivamente, un horror. Me parece una soberana idiotez mirar la película de la tele, teniendo emules, utorrents, netflix, DVD, youtube, etc., pero aún así a estas horas de la tarde, sobre todo los domingos, tenía costumbre de dejarme llevar por la tele tradicional. Era mi último enlace con ella. Y hoy me he dado cuenta de que se ha perdido para siempre. En fin.
Me acordé en algún momento de la semana de esta película, y de que nunca la había terminado de ver. Hace unos doce años, quedé con un amigo en su casa para verla, la alquilamos, nos estaba encantando, y de pronto el DVD falló, algo hizo crack y nos quedamos con las ganas. Y hasta hoy no la había terminado de ver. Me ha vuelto a gustar muchísimo la ambientación, y que Spike Lee utilice tan bien los asesinatos seriales, en realidad, como una excusa para delinear los perfiles de los habitantes de un Brooklyn tan jodido como el de aquella época. Inevitablemente, la película no deja de recordar a Scorsese, con tanto italoamericano, tanto diálogo callejero, tanto sexo, tanta música (extraordinaria) de la época fuera de contexto durante las escenas de violencia brutal y tanto plano de más de 5 minutos. Es cine de Scorsese hecho por Spike Lee, y su retrato coral de esos transeúntes gritones es fantástico. No se atreve a ir tan lejos con la violencia, ni con las escenas de drogadicción (algunas rozan el ridículo, de hecho), ni siquiera en las escenas de sexo es tan explícito y juguetón como Scorsese, De Palma o Abel Ferrara, pero les aprieta el terreno. Y todo está lleno de chicos italianos, como John Leguizamo, Ben Gazzara, Michael Rispoli, Anthony LaPaglia... y hasta la voz del perro negro cuando le dicta los asesinatos se la pone... ¡John Turturro! La trama de Adrien Brody es muy simpática, cómo su transformación en punk mosquea a los guidos de sus colegas, y es un poco de moda punk en Galerías cómo aprovecha para llevarnos al CBGB's de la época, pero en realidad mola mucho. Tiene por tanto un toque de "Tintín en el Nueva York italo de los 70's", pero a mí me gusta que el cine tenga eso, si lo que cuenta es interesante.

Huwebes, Agosto 25, 2016

"La casa de arenas movedizas" (Carlton Mellick III, 2016)


Hace casi dos años (qué barbaridad) hablé aquí de mi creciente afición por el bizarro (que es así como reivindican los fans que hay que citar a este género, en la misma medida que se hace con el terror o la ciencia-ficción). Conocía a Carlton Mellick III y me moría de ganas de leerle. En este tiempo me hice con una de sus miles de novelas, "Satan burger", en inglés, aunque aún no la he empezado. De lo que tenía unas ganas locas era de que esto aterrizase por fin en España, y que alguien se pusiera manos a la obra a abrir la brecha y a traducir estas cosas. Y hay una editorial que, por fin, se ha dignado. Se llama Orciny Press, y su segunda entrega de la Colección Midian es la primera novela traducida al castellano de Carlton Mellick III. Por fin. Y es una jodida maravilla.
Creo que es de esas veces que me siento impulsado a recomendar su lectura a ciegas a cualquier aficionado a la literatura de género, tratando de desvelar lo menos posible sobre la trama. Es mejor ir descubriendo el asunto poco a poco. El protagonista narrador de la historia es un chaval, hermano de la chica de la portada; esa chica con el pelo verde, cuernos de ciervo y un parche en el ojo que en realidad es media cabeza de muñeca. Están en una casa, al cuidado de una gélida y severa institutriz. La casa es tan alucinantemente grande, que aunque los críos ya son preadolescentes, no han conocido a sus padres. Confían en que en algún momento vendrán a verles, pero debe ser que los pasillos son muy largos, o que están muy ocupados con sus cosas de padres. Todas sus necesidades están cubiertas, tienen juguetes, máquinas que preparan la comida de forma automática, se tienen el uno al otro, pero tienen muchas ganas de salir de su cuarto e ir a conocer a sus padres... a pesar de los "siniestros" que parecen revolotear en la oscuridad al otro lado de la puerta.
En igual medida terrorífica, tierna, fascinante y divertida.

"El peor amigo del mundo" (Rafael Fernandez "Ezcritor", 2014)


Hace algunas semanas que leí, engullí más bien, "El peor amigo del mundo", la sexta novela que leo de Ezcritor, el profesional de la literatura más valiente que tenemos en España. Y tengo que contar cómo fue la cosa, cómo llegó a mi casa esta novela, porque es un asunto maravilloso.
Conocía a Ezcritor desde el principio, desde aquellos tiempos en los que había ganado un premio de 20Minutos al mejor blog, y empezó a escribir para ellos. Ya lo conté aquí. La idea de que el afán de un escritor le hiciera dejarse de chorradas y (¡qué cosa más increíble!) dedicarse a escribir, y a autoeditarse, me pareció tan titánica que enseguida me lancé a hacerle un pedido, y después otro, y otro, porque satisfecha la curiosidad ahora estaba totalmente enganchado a su particularmente honesta y divertida manera de narrar. En 2013 leí mucho a Ezcritor, como demuestran los enlaces. "El peor amigo del mundo" lo publicó en 2014, y desde el principio quise hacerme con él, pero mi trepidante vida laboral no me permitió el desembolso hasta tiempo después; en algún momento de 2015, le hice un pedido... y poco después me arrepentí, porque tenía la cuenta tiritando, mi trabajo no tenía visos de continuidad, toda esa mierda que me pasa siempre, que soy un desarrapado. Escribí a Ezcritor, le pedí disculpas, y cancelé el pedido, con todo el dolor de mi corazón, posponiéndolo a un momento más holgado económicamente (que luego uno se gasta 60 euros en dos pepsicolas una noche por ahí, ya ya, pero esto es así...).
Pues imagina, Lector Improbable, qué clase de persona es Rafael, que hace unos meses me escribe por Facebook, para confirmar mi dirección postal. Resulta que para quitarme el sabor de boca de haber tenido que cancelar el pedido por ser un mangurrián, y dado que a él ahora le van mejor las cosas, decide regalarme el libro. No solo eso, sino que encima me adjunta otra copia de "Los alucinantes viajes en el tiempo de EE.UU.", esta vez con el título en el lomo, porque se acordaba de lo que había dicho en mi reseña en este blog. Me regaló los dos libros. Me dejó totalmente alucinado. No tenía por qué haberlo hecho, y yo seguiría admirándole, y en cualquier momento, algún día que llevara varios fines de semana sin derrochar dinero en salir por ahí, le hubiera comprado el libro, porque disfruto leyéndolo. Aquel detalle no sé qué clase de persona puede tenerlo con sus lectores, sin obtener nada a cambio (nada; este blog en el que cuento las cosas que leo para que no se me olviden, no lo lee nadie); no sé ni qué decir aún, me pareció un detalle propio de un auténtico Elegido, de un Ángel. Creía que la generosidad era un aspecto que había desaparecido por completo del Homo Sapiens mediante la Eugenesia, junto con la humildad y la cola retráctil. Ezcritor me alegró el mes entero, nunca olvidaré este detalle. No tiene nada que ver con lo que cueste el libro, ni con el mundo editorial, ni con nada; es simplemente el detalle, la manera de hacer las cosas, yo creo que no quedan muchas personas así. No se nos ocurren hacer estas cosas, a la mayoría se nos olvidan de un día para otro. Desde ese momento es mi persona favorita. O a lo mejor es que estoy demasiado sensible y falto de cariño :) pero me pareció maravilloso todo esto.

Como fuere, por supuesto, en pocos días, en un par de mis viajes transiberianos en la EMT de este verano, devoré "El peor amigo del mundo", la precuela de las aventuras de Sigmundo. Los primeros años de vida de un Sig bebé y luego preadolescente, y sus encontronazos con las primeras niñas y con los miembros de su familia en aquella cáustica casa que fueron dando forma a su carácter. Un episodio especialmente conmovedor, con imágenes mentales imborrables y el derroche de imaginación, brutalidad y ternura habituales.

"Cosecha roja" (Dashiell Hammett, 1927) / "Crash" (J.G. Ballard, 1973)


Me chiva el ordenador (la carpetita en la que voy guardando las carátulas de las cosas que tengo intención reseñar en este blog) que hace algunos meses leí estas dos novelas, que no había leído antes. Hace bastante tiempo de ello, demasiado, y no estoy ahora muy lúcido ni tengo capacidad para escribir sobre ello; de todas formas esto no es un blog de reseñas al uso, es un ejercicio personal precisamente mnemotécnico, y una colección de carátulas, así que ahí quedan.
Lo que sí quiero recordar es que las leí en un autobús que llevo cogiendo casi a diario desde... abril, creo. Desde entonces, hago una hora y cuarto de ida y otra hora y cuarto de vuelta en un autobús de la EMT, que conste, yo que en los últimos 15 años utilizaba el transporte público una vez cada dos meses como mucho. Si no me apetece leer o llego tarde, voy en el metro, que tardo menos pero tengo que hacer dos trasbordos. Estoy comprometido con una cosa, que no es un trabajo realmente, que me gusta hacer pero que al mismo tiempo me está amargando la vida y se me está cayendo la cara de tanto ir en transporte público como la gente normal... Por eso me toca leer todo el rato, por no pensar. Es una etapa extraña ésta, yo había renunciado hace muchísimo tiempo a perder la vida en el transporte público; pero en fin, me está dejando mucho tiempo para leer (sobre todo tebeos digitales), y el autobús que me chupo de punta a punta de la ciudad, al menos, va poco transitado, y hay un asiento al fondo a la izquierda con la forma de mi culo. Lo intento de todas maneras:

- Hasta que la leí esta primavera, yo cada vez que pensaba en "Cosecha roja", la segunda novela más famosa de Hammett (contra Humphrey Bogart y John Houston no se puede luchar), me acordaba de la banda Fugazi, por culpa de esta portada de Rockdelux de junio de 1995. Me la llevé de casa de un amigo, y empecé a escuchar a Fugazi como loco, tan joven e impresionable que era; pronto supe que eso de "Cosecha roja" en realidad era el título de una novela, claro, pero la asociación de ideas Hammett/Fugazi no se ha detenido en mi cabeza. Ya había leído otras novelas de Hammett, y es una gozada. Recuerdo especialmente de ésta la descripción de la ciudad emponzoñada y la mala hostia del detective de la Continental, que Sam Spade parece Jessica Fletcher a su lado.

- No soy tan admirador de Ballard como otros amigos (virtuales, sobre todo; casi todos mis amigos de siempre leen poco o muy poco o nada) de mi generación. No me atrae tanto lo ballardiano, lo de la Nueva Carne, ni concretamente esta oda caníbal al erotismo en los accidentes de tráfico que se inventó en 1973 me fascinó como parece que fascina a otros. De hecho, se me hizo un poco soporífero y ampuloso todo el peso pornográfico que hay ahí dentro. A lo mejor es porque la película de Cronenberg la tengo atravesada, y mira que "Videodrome" es puro Ballard y me vuelve loco. Casi siempre tengo "un ballard" en la mesilla de noche, que he ido haciendo una buena colección en tiendas de segunda mano, pero luego no me pongo, lo confieso. Pero "Crash" me dejó frío como un delco y como con una palanca de cambio de marchas atravesada en los pantalones...

"Alcasseriana" (Antipersona, 2016)


Hace poco reseñé brevemente "Polybius", que fue la primera incursión (creo) de Antipersona en el mundo (micro)editorial propiamente dicho, un señor libro con solapas, lomo y portada en cartoné. Hasta ahora, se habían dedicado a editar siempre fanzines de batalla, con acabados geniales y ocurrentes (un sello de cera por aquí, unos hilos, una cerilla o un troquelado por allá), pero fanzines xeroxizados y artesanos de los de toda la vida. No les había mencionado antes en el blog, pero tengo y he leído todos los fanzines que han publicado, siempre comprados en mano (o intercambiados) en ferias y encuentros de autoedición en los que hemos coincidido estando yo con las cositas de Libritos Jenkins o DATI en los últimos años. Antipersona te arrastra con su selección temática a un rincón de la Cultura del Apocalipsis que pocos se atreven a cruzar, y con algunas entregas te abofetean en la cara, como esa obra maestra unpop que fue Autopsia, o su "superventas por las razones equivocadas" Occidentales en ISIS. Y ojalá sigan creciendo hasta ser el Feral House español, porque le ponen mucho cariño, y se nota, y porque miran hacia donde nadie se atreve a mirar.
Pues después de tantos fanzinillos estupendos de grapa del tipo de los que aparecen años después en un cajón del rastro de los punkis de Tirso, el pasado mes de mayo dieron un paso de gigante y publicaron este compendio de más de 300 páginas (con solapas, con ilustraciones, con ISBN... ¡con guardas granate y todo!) titulado "Alcasseriana", que es verlo y se te revuelven las tripas, del mal rollo que sugiere, que lo lanzas en una procesión de la Semana Santa Marinera valenciana y yo creo que la ciudad implosiona, se abre la tierra y sale el Anticristo. Como no lo pone en su web, cabe destacar además que el impresionante ladrillo formato misario venía lacrado con una cinta de raso encarnada de la que colgaba un pendrive... que aún no me he atrevido a conectar a mi ordenador (que es nuevo y a ver si la voy a liar...), pero que me imagino repleto de contenidos y respuestas demasiado estimulantes y que no sé si quiero que me sean revelados (o a lo mejor solo es música).
Esta Joya es necesario tenerla, y te lo ponen en casa por 13 euros gastos incluidos. Antipersona son lo mejor, es absolutamente maravilloso que existan y mucha gente aún no se ha enterado.
El subtítulo de la Obra es "Trece variaciones sobre un horror sostenido". Tan nerudiano epígrafe descubre los contenidos de la Obra, que son 13 aquelarres 13 creados por otros tantos colaboradores, inspirados en ese episodio tan oscuro de la España Negra al que da tanta repulsión acercarse: los asesinatos ¿rituales? de Miriam, Toñi y Desirée, el perverso eco mediático posterior, las ramificaciones que parecían acabar implicando hasta al apuntador del Congreso... En torno a aquello tan abyecto, solo el equipo de Antipersona podía adentrarse ahora con escafandra, pergeñar estas 13 historias y vomitárnoslas en forma de ataúd. Entre los colaboradores, unos se sumergen en el asunto en forma de saetas o plegarias a las niñas, otros lo hacen con ensayos que hacen equilibrios entre la realidad, la ficción y el delito sumarial, quien se exorciza con unos collages y sobre todo quien se lanza en bomba con la coartada de la ficción literaria, con unas historias de terror que ponen los pelos de punta. Pero el conjunto es lo que hace que se abran Las Puertas, son todas las notas las que redondean la sinfonía del mal rollo. Sin faltarle el respeto a nadie gratuitamente, que no va de eso la cosa para nada, si acaso a la literatura para amas de casa. "Alcasseriana" es de esos libros que parece que te examinan a ti al leerlos, a mí me dieron un poco de miedo esos ratos bajo la sábana. Pero creo que era una catarsis necesaria porque, parafraseando a Helen Lovejoy en Los Simpson, "¿es que ya nadie piensa en las niñas?"...

"Música de mierda" (Carl Wilson, 2015)


Una vez más, los hipsters sin alma de Blackie Books me la colaron. Mira que me repito una y otra vez que (con la excepción de las cosas de Santiago Lorenzo, que al pobre le ficharon y me temo que no lo sueltan) no compre libros de esta gente, que no son para mí, que los edita Satán, que son más feos que insultar a una madre... Pues otra vez piqué, ansioso por leer algún ensayo de música curioso (lo compré, en un apretón, el mismo día que "Retromanía", "Mercancía del horror" y "Hollywood gótico"; sigo haciendo acuse express de lecturas antiguas). Y no solo en éste se han cubierto de gloria, que hacían portadas más bonitas y alegres los monjes del siglo XIV (creo que es el libro más feo que he tocado en toda mi vida, contando los de texto de COU), sino que además todo lo que prometen es mentira. En ningún lugar de la portada, ni de la contraportada, ni de la faja, ni de la web de Guapi Books pone que esto es, sencillamente, una biografía de Cèline Dion, y eso es lo que es esto. Un ensayo en torno a "Let's talk about love" y una biografía de Cèline desde la trinchera. Y escrito hace 10 años, además. Algún espabilao cercano a Chachi Books se enteró de la existencia de este ensayo, y le pareció buena idea disfrazarlo, negar la mayor y vendérselo a su audiencia acumuladora de blaquibús (la audiencia real de Cèline Dion no iba a hacer de esto un superventas millonario, precisamente), aprovechando que esta temporada son tendencia el color hueso en el outfit y el propósito de enmienda en la moribunda crítica musical.
Originalmente, el periodista canadiense Carl Wilson presentó este ensayo en la colección 33 1/3 (que aquí publica normalmente, con muchísimo cariño y fidelidad, Libros Crudos), dedicada a hagiografiar discos clásicos de la historia del rock, y narrar sus tribulaciones y todos los detalles que rodearon cada grabación, cada canción y el recorrido de cada disco. A este chico se le ocurrió rizar el rizo, y de manera irónica y condescendiente investigar, de paso, por qué al gran público le gustan productos culturales que a los entendidos les parecen mediocres; si no será que estamos equivocados quienes nos gusta de verdad la música, y escuchar a Cèline Dion no será un placer al que todos debamos sucumbir para alcanzar la felicidad. Es cierto que en torno a la historia de Cèline el autor aprovecha para hacer una serie de reflexiones muy interesantes y que no se leen a menudo (y muy buen escritas, y con un sentido del humor muy fino y rutilante), y trata de aplicar el método empírico en torno al Gusto de la Gente, para extraer conclusiones y plantearse cosas bastante acertadas; pero todo ello (como mandaba el formato original) sin dejar de narrarnos cada paso en la gargantuesca vida de Cèline, y con muchos apuntes cogidos con alfileres y metiéndose en algunos fregados que para qué, si ya sabemos cómo funciona el marketing y que la gente se compra gilipolleces que no necesita y las adora si se lo susurran bien al oído, ya sean discos de Cèline Dion o libros de Cuqui Books.
El prólogo y el epílogo no me han gustado nada (y mira que me gusta Nick Hornby), y puede que lo leyera demasiado cabreado, con más prejuicios de los habituales, pero se me hizo un poco pesado en general. Está escrito y traducido de maravilla, eso es innegable, y algunos capítulos son cautivadores y casi epifánicos: pero ofrece muchísima más información sobre Cèline Dion de la que nadie en su sano juicio quisiera saber, y nadie me había avisado, lo cual me parece bastante miserable, aunque de esta gente tan epatante y tan post-todo ya no me sorprende nada.

"Manuel revisado del boy scout" (William S. Burroughs, 2016)


Estoy repasando mentalmente la lista de libros leídos en los últimos meses, que ya que no actualizo esto casi, sí que quiero al menos hacer acuse de lecturas nobles en este apretón que me ha dado ahora. Me compré el bolsilibro éste de La Felguera en cuanto salió, e incluso pregunté a mi dealer la posibilidad de adquirir la edición limitada con el kit de supervivencia, pero se rió en mi cara. En cualquier caso, el libro es un pedazo de historia de la Contracultura que quería poseer, y lo acabé en una sobremesa. El prólogo de Genesis P-Orridge se hace imprescindible, y todo el aderezo y perifollo que le ponen los chicos de LF, porque el texto en sí es un panfleto tocapelotas muy de su tiempo, y que ni siquiera iba en serio. Se puede valorar también como poema surreal, pero yo que tengo catorce insignias de especialidades bordadas en la pechera y un retrato de Baden Powell en la mesilla de noche, que hice la Promesa dos veces y hasta tengo nombre de Tótem de por vida, quería atesorarlo sobre todo como objeto de culto personal.

Don't trust the b---- in apartment 23 (2012-2013)


El domingo pasado, desayunando cereales de colores en un sitio horrible, me habló un colega de esta serie, un producto enterrado en la maraña del Netflix del que nunca había oído hablar. Me contó por encima el argumento, que le estaba gustando, el tono, que tenía muchos cameos de sitcoms porque salía Dawson Crece haciendo de sí mismo, no sé qué... yo desconecté en el instante en que me dijo que la protagonizaba Krysten Ritter, nada menos que Jessica Jones (y la yonqui novia de Jesse Pinkman). Era todo lo que necesitaba. Esa tarde me vi tropecientos episodios, y en estos días siguientes, aunque practicamente no he pasado por casa, me las he apañado para zampármela entera. Son 26 episodios (7 + 19 en dos temporadas; curiosamente algunos de la segunda están desordenados, y se cruzan elementos de tramas anteriores y es un poco extraño), en formato sitcom clásica de 20 minutos. El argumento es un poco manido. Una rubia botarate del Medio Oeste (Dreama Walker) llega a Nueva York a buscarse la vida, y acaba naufragando y viéndose obligada a sobrevivir en medio de los horrores de la Gran Ciudad. La gracia, todo el interés, radica en que de rebote se va a compartir piso con Chloe (la Ritter) una auténtica zorra, party girl y bon vivant devoradora de farra y de energía ajena. Como Charlie Sheen y Barney Stinson encerrados juntos en el cuerpazo de una neoyorkina parasitaria y estafadora, que desayuna cócteles y destruye y vampiriza todo lo que le rodea. El argumento se parece bastante al de 2 broke girls, pero con todos los elementos exagerados y llevados un paso más allá... y con muchísima más clase. La serie es bastante entretenida, con un ritmo endiablado y diálogos fantásticos, con mucho guiño al espectador por aquello del co-protagonismo de Dawson Crece (efectivamente, hay bastantes cameos, del tío de Smallville o el tío de Salvados por la campana, aunque a mí a quien más ilusión me hizo ver fue a la maravillosa Busy Phillips) y momentos realmente brillantes: el episodio de Halloween, el de los cuartos de baño, el de Mira quién baila, el playbook de Chloe y las continuas trampas que le pone a la vida... Pero también tiene bastantes asuntos mediocres o farragosos. La vecina stalker asiática y el vecino stalker pervertido no me gustaron nada y no aportan nada al conjunto; la continua promoción del estilo de vida fresco y salvaje del neoyorkino contemporáneo de los cojones lo hemos visto miles de veces, y se recrean bastante en lugar de parodiarlo; la protagonista, la rubita paleta, es un poco exasperante y no consigue tampoco captar mi interés casi en ningún momento; y en general creo que es una serie para chicas y para el público de Modern family, y no me reí de verdad salvo en unos pocos momentos. Pero es que Chloe lo eclipsa todo, resta importancia a todo, y hace que todo dé lo mismo, lo bueno y lo malo, porque la gracia está en mirar a Chloe, sus ocurrencias, sus disparates, sus frases, su caída de ojos, sus movimientos, y disfruté cada momento con pasión científica. La relación con Dawson Crece sí que funciona, y no hay que restarle méritos, esta parte también es magnífica. Y el asistente de Dawson Crece, Luther, es absolutamente maravilloso, aunque solo se trate de un cliché intercambiable: aquí es absolutamente necesario. La serie está bien, sin más, pero permite contemplar a Krysten Ritter en un papel inolvidable y mirarla una y otra vez desde la ventana de enfrente y merece la pena cada minuto.

Lunes, Agosto 1, 2016

"El pasillo de la muerte" (Stephen King, 1996)


Ya se ha despertado un nene. Le he puesto un zumo y Los padrinos mágicos, que no existe en la Tierra quien no se quede obnubilado mirándolos, y me he vuelto a esta terraza con mis propios zumos y cafés a actualizar esto. Me he acordado de lo que disfruté también hace ya algún tiempo con esta novela de Stephen King, que no recuerdo si la había leído antes (de hecho, apenas recuerdo la película, que la debí ver en su estreno y ya), y que yo la tengo en la versión de la foto, es decir, como "El pasillo de la muerte" en 6 bolsilibros de kiosko publicados por entregas, qué cosa más bonita, en lugar de en la versión posterior titulada para la posteridad "La milla verde". Tuvo que ser muy bonito haberlo leído así, yendo al kiosko una vez leído cada tomito. Yo lo hice del tirón, y a lo tonto son 700 páginas que no te das ni cuenta de lo llevadero que se hace y lo liviano del formato. Me llamó mucho la atención que encontré un fallo en el argumento (una ocasión en la que nos cuenta que dos de los personajes no llegaron a coincidir en el pasillo de la muerte, y dos entregas después sí coinciden, e interactúan bastante), cosa rara en SK, tan rara en el puntilloso SK que pensé que probablemente fuera un fallo de traducción; agujeros y tramas abiertas (y sobre todo sus famosos finales trampa que se saltan todas las reglas de la novela negra) sí tiene King, pero fallos así garrafales que no cuadran, es raro. Por lo demás, la historia, claro, transcurre en el ala de una prisión en el que habitan los condenados a muerte durante sus últimos días, a partir de los recuerdos del jefe de la cuadrilla de guardias, que ya anciano y retirado escribe sus memorias. Por aquella "milla verde" vio pasar a docenas de "muertos andantes", pero sobre todo nos cuenta el poso dejado por uno de ellos, un tipo especial, un negro del tamaño de un autobús que fue detenido por violar y asesinar brutalmente a dos niñas pequeñas. La investigación, la relación con los reos y con la cuadrilla, la apasionante vida interior de cada uno de los personajes de este microcosmos y los misterios en torno a ese preso tan especial, van desarrollando esta fantástica historia, cliffhanger a cliffhanger. El formato de fascículos ralentiza bastante el arranque, entre que al comienzo de cada bolsilibro tiene que coger ritmo y ponernos un poco al día (con lo que se estira ya Stephen habitualmente sin tener que hacer memoria), y no hay tanta sorpresa, ni sustos ni imágenes brillantes como en otras de sus novelas, pero como digno entretenimiento y evasión cumple de sobra.

"Hollywood gótico. La enmarañada historia de Drácula" (David J. Skal, 2015)


Comienza el mes de agosto; hace un rato ha empezado, que yo lo he visto, que he madrugado como un fiera. Ha empezado bastante raro. La siguiente semana voy a pasar casi todo el día solo con 2 niños muy pequeñitos que no son míos, cosas que tiene la vida. Y para hacerlo más llevadero, para entretenerles o por si tengo que buscar en Google cómo se desactiva un berrinche o cuánta ingesta de tal cosmético es letal para un bebé, y se me ha ocurrido que voy a actualizar esto mientras todavía duermen, con algunas lecturas de los últimos meses que no he puesto por aquí.
Por ejemplo, hace varias semanas que devoré, en los largos desplazamientos en metro que he tenido que acometer últimamente, este formidable ensayo, el segundo de Skal publicado en España (el primero, "Monster show" publicado por Valdemar, también me encantó y les he hecho sitio juntos en un estante). En esta ocasión, se centra en la figura de Drácula, principalmente en sus encarnaciones clásicas cinematográficas. Pasa de puntillas sobre el Mito, sobre el vampirismo y lo transilvano, yendo al grano (y a la paja) en torno a la novela de Stoker y su complejísimo recorrido, con el éxito de sus primeras puestas en escena y los dolores de cabeza que provocaron en el autor, y luego en su viuda, tanto éstas como, sobre todo, el estreno de "Nosferatu". Para después abordar todos los recovecos en torno a la producción del "Drácula" de Tod Browning con Bela Lugosi, la maravillosa versión española rodada casi a la vez en los mismos escenarios, y algunas recreaciones posteriores (incluida la versión animé). Igual que en "Monster show", David Skal desprende una cantidad de conocimientos de primera mano abrumadora. Esto es, más que una investigación o un ensayo exhaustivo corriente, algo así como una "historia oral" de Drácula en el audiovisual, narrada casi día a día, dando voz a todos los protagonistas e incluyendo muchas de las piezas del puzzle que faltaban.

Biyernes, Hunyo 3, 2016

"Dogs of war" (PES, 1998)


Se me ha ocurrido hacer un experimento para esta mañana, que tengo que hacer una cosa en el salón que no requiere demasiada concentración. Para ver a dónde lleva esto de la "nueva rutina audiovisual", me he puesto a ver videos de stop-motion en la app de YouTube de la tele, y a ver cuánto tarda en escupirme un video de un vlogger hijo de puta faltón o, peor aún, del show de los 40 patrocinado por Vodafone.
He empezado viendo las últimas creaciones del realizador británico que responde al nombre de PES (Adam Pesapane), autor de obras maestras del stop-motion muy conocidas como "Game over" (2006) o "Western spaghetti" (2008), y la cosa de momento va bien, y La Máquina me ha guiado por a la filmografía de PES, que había varios microcortos que no había visto, y es gloria bendita todo lo que hace este Švankmajer actualizado. Además de sus cortos particulares, en su web dice que lleva más de 60 anuncios comerciales para empresas muy conocidas. Algunos (para Honda, Lipton, Coinstar, Android, Orange, Citizen M o Bacardi) son una auténtica pasada, y experimenta con muy diferentes técnicas. Aparte de sus más conocidos, que siempre es un placer para los sentidos volver a verlos ("Submarine sandwich" de 2014, "Kaboom!" de 2009, "Fresh guacamole" de 2013...) Probablemente su pieza que más me ha sorprendido, entre las que no conocía, sea "Dogs of war" (1998), que juguetea con imágenes de archivo de guerra real.
Entre medias me ha saltado también algún corto casero de pixilation, con muy buenas intenciones y entusiasmo pero copiando vilmente, con medios medios y mediocre resultado, los cortos más famosos de PES, como "The cake is a lie" (zinc2zinc2, 2016), de una señora haciendo un trampantojo en su cocina con material de pretecnología, o "The Moose, the Sausage and the Lobster" (Francine87, 2010) o el paupérrimo "Movie cooking" (Mikayla D, 20112), y es que PES da muchas ganas de copiarle. De hecho, se ha generado hasta algún spoof, como "Fresh guacamole 2" (2013) de Jason Leal. "Teddy has an operation" (Zefrank1, 2013) y su parodia "Doug has an operation" (Bubblegum Bandit, 2016) exploran algunoas ideas de PES pero sin la magia del stop-mo, sobre la autopsia de ositos de peluche rellenos de macabros objetos pop.
Por alguna razón, me han empezado a saltar cortometrajes de animación creados en Minecraft, o recreados en algún programa de animación rudimentario. A quien le pongan estos muñecajos pixelados hackeados y animados con doblaje y efectos, que no es mi caso, supongo que le harán gracia alguno de estos cientos de cortos parodiando varias franquicias (Power Rangers, Angry Birds, Bob Esponja, ¡¿Puppet Master!?...) que hay por ahí, pero yo perdí el interés a los pocos minutos y me hice un poco de trampa, saltando hacia un nuevo algoritmo de cola de reproducción.
Poco a poco la sesión se ha doblegado a la animación digital, con un corto muy majo de un tal Jang Moo Hyun llamado "Project alarm" (2009) y otro titulado "Jungle jail" (Stepaschka, 2008), comedieta sobre un tipo pequeñín que se hace fuerte en el patio de la cárcel gracias a un bichito que se encuentra. Siguiente. Cortometraje francés de influencia Pixar, brillante, titulado "Slimtime" (Bertrand Avril, Pierre Chomarat, David Dangin, Thea Matland, 2010). Parodia futurista en la que unas obesas se ejercitan y adelgazan en una especie de aséptica nave (¿espacial?), que recuerda a la segunda mitad de "Wall·E". "Paper Wars4" (Ed Skudder, 2015) parece hecho en Flash y es un poco pobretón también, pero me ha adentrado en animación amateur más artesanal, al cabo de una hora más o menos de experimento.
Los cortos de Pixar yo creo que ya los hemos visto todos, pero he vuelto a mirar atentamente "Partly cloudy" (Peter Sohn, 2009) y "For the birds" (Ralph Eggleston, 2001) porque así lo ha querido el destino. Seguidos de "Big Buck Bunny" (Sacha Goedegebure, 2008) del Instituto Blender, que no conocía y que es un bonito corto hecho con software libre que parece que lo hubiera hecho Pixar hace 20 años. "Sheep in the island" (RG-Animation Studios, 2007) consta de dos episodios de 10 minutos, y es otro ejemplo de animación 3D cuqui y con mucha pasión, divertido y original pero que flojea por culpa de lo que nos tiene acostumbrados Pixar a estas alturas. La oveja protagonista se conoce a un ornitorrinquito monstruoso en paraje exótico (que recuerda al de la premisa de partida de "Braindead"). Parece que RG-Animation Studios es una empresa koreana, y que hicieron una serie educativa que emitió TVE sobre un oso polar que hace deportes olímpicos. Muy decente.
Después de un par de horas me he echado a la calle y he dado por concluida la batería de videos aleatorios, que entraba en un bucle de animación demasiado infantil.

Miyerkules, Hunyo 1, 2016

"El maestro del Prado" (Javier Sierra, 2015)


Cuando salió esta novela me obsesioné un poco por leerla, a pesar de mis prejuicios hacia el mediático autor, que me cae muy simpático y siempre me han divertido sus batallitas radiofónicas como amigo de la adolescencia de Iker Jiménez, pero que temía que se quedara corto como émulo aún-más-mediocre de Dan Brown. Soy bastante fan de ir al Museo del Prado, a última hora, a recorrer las salas sin prisa de vez en cuando (muy de vez en cuando; habré ido 10 ó 12 veces), y me apetecía sumergirme en una ficción contemporánea en ese lugar de la mente que suponen los recovecos del Prado llenos de historia y de fantasmas simpáticos. Temía invertir mi dinero y arrepentirme, así que se lo pedía insistentemente a una allegada, empleada del Círculo de Lectores, a ver si le sobraba alguno o algo así... Y tanto insistí por lo visto, al no encontrarlo tampoco en el circuito de segunda mano, que al final me lo compró ella. Y me tuvo absorto en la historia durante algunas semanas el pasado invierno; con más visitas asiduas y a traición al museo, que es de lo que se trata. El estilo de Javier Sierra es absolutamente efectivo y correcto, sin demasiadas florituras. Y sorprendentemente, lejos de un ladrillo de explotación de la ficción histórica de mil y pico de páginas repletas de paja y disgresiones, es una novela breve, sucinta y muy entretenida. De hecho, es más o menos lo que buscaba: un ensayo sobre los símbolos y misterios de algunos cuadros del Prado, una visita guiada a la Pinacoteca, que Sierra elabora levemente novelizada (con la información ensayística puesta en boca de los pocos protagonistas), y además narrada de forma muy lineal y honesta, en primera persona por el escritor remontándose a su época de estudiante, mezclando biografía y fantasía. Una lectura intensa y absorbente, y además interactiva gracias a esta edición con encartes a color de montones de cuadros. No solo no es pesado o mediocre, sino que reconozco que se me hizo corto y me reconcilió con el escritor.

"Polybius" (Francisco Jota-Pérez, 2016)


La incansable editorial de fanzines Antipersona acaba de publicar su primer libro, en formato noble, con lomo. Un producto que abre una nueva brecha en su afán de autoeditar panfletos incómodos y polémicos de corte político-social. Además, han empezado a montar tenderete en el mercadillo del libro anarquista en donde los punkis de Tirso de Molina los domingos por la mañana, y allí fui hace algunas semanas a hacerme con su más reciente lanzamiento. Polybius fue un videojuego de recreativas misterioso sobre el que se ha vertido mucha leyenda. Su propia existencia siempre se ha puesto en entredicho, y probablemente es la leyenda número 1 en este campo. La escasa y repetitiva información que existe sobre el asunto hacía muy atractivo un ensayo completo y esclarecedor, pero en realidad lo que han cocinado estos fanzineros entusiastas es una novela. Un bolsilibro que mezcla no y sí ficción, intercalando la información objetiva con la prosa poética, avanzando en la trama de un protagonista post-adolescente gamer y trabajador social (que me recuerda poderosamente al de la novela "Subnormal" de Sergi Puertas) que se retuerce en su condición de peón industrial explotado y paranoico. Un curioso proyecto que confunde las tesis sobre el misterioso Polybius (la información, objetiva o novelizada, es abundante de todas maneras) con la fábula posmoderna y experimental, con mucha clase y de forma muy entretenida.

Jan - Superlópez 58-70 (2011-2015)


Me puse al día con los últimos Super Humor de Superlópez en un atracón hace unas semanas, para comprobar la buena salud del personaje y el talento inacabable de Jan. Ciertos días del año siento la necesidad de volver a refugiarme en Superlópez, revisar las historietas clásicas; y en este caso, caí en la cuenta de que tenía historietas nuevas por leer, que me compro los tomos cuando salen pero tenía pendientes los dos últimos. Veo que me había quedado un poco atrasado en las reseñas, y lo último que había comentado fue el decepcionante disparate no canónico de EDT. Como es bien sabido, justo cuando aquello tan odioso se estaba pergeñando, se anunció que en la serie original Jan y Efepé volvían a unir fuerzas, SuperLópez y el Supergrupo cabalgaban de nuevo, y había que olvidar cuanto antes el apócrifo "El Súperretorno".
En estos últimos años, la tónica en los tebeos de SuperLópez sigue siendo la misma: Jan intercala historietas costumbristas y folclóricas con asuntos más infantiles, en su cruzada por instruir deleitando, denunciar los males del siglo XXI y disuadir a los más jóvenes de los malos hábitos. A esto se van a ir añadiendo ahora, otra vez, de cuando en cuando, las historietas escritas por Efepé, que tratan de recuperar la aventura disparatada, brugueriana y sin moralina de aquellos tebeos que amamos. Y creo que el conjunto es totalmente fascinante; sobre todo, porque Jan sigue dibujando como los ángeles, sin dejar de experimentar en las composiciones de viñetas y el diseño de secundarios. Y sigue habiendo episodios de SuperLópez absolutamente maravillosos en lo que va de esta década.
Por ejemplo, en "Elecciones en Kaxim", al margen de las burlas a la situación política de este planeta tan feo llamado Tierra, regresa la fanta-ciencia-ficción pura y dura, con esos marcianitos verdes con narices cilíndricas en escenarios fantásticos que recuerdan a los mejores diseños de "Laszivia". En "El Abejón Rey" regresamos a Parchelona, donde Jan se desquita en torno al auge de los populismos y la protesta social, regurgitando una historia inspirada en una especie de villano sectario y exótico reciclado de... Rumasa. "Asesinato en el Toral Exprés" es ese otro tipo de historias costumbristas, localistas y agrestes, homenajeando a Agatha Christie y el whodunit y a la bonita costumbre del tren de época que atraviesa Toral de los Vados (León), en una preciosa historia pequeñita con los viejos villanos habituales. Otro homenaje "turístico" similar ejecuta en la siguiente aventura, "Asalto al museo", más serie negra con mafiosetes y Lady Araña en el entorno rural de Ripoll. "Los recorta planetas" se cisca con cierta dureza (y cameos de la realidad sociopolítica) en los recortes sociales y el saqueo, con una hipérbole llena de nuevos marcianos de diseño exquisito que andan recortándolo todo con máquinas y lenguajes inventados.
Por fin, la aventura nº 63 de SuperLópez, "Otra vez el Supergrupo", retomaba al Supergrupo y los guiones del Marvel Zombie F.P. Navarro, dándole a los fans exactamente lo que más nos gusta. Casi 40 años después, los lectores de Olé hemos crecido mucho, y enfrentarnos por primera vez a estas parodias superheroicas en clave Bruguera no es tan estimulante como entonces, pero en realidad todo sigue ahí: los chascarrillos, las bromas internas recurrente, el amor al medio... Las peleas del Supergrupo en bucle ahora parece que hacen resentirse el ritmo de la historia, pero no hay que olvidar que era el quid de la cuestión desde el principio, cuando éramos más impresionables y todo esto era fabulosamente nuevo. Y que historias de Efepé y Jan como "La caja de Pandora", "La semana más larga", "Los cabecicubos", etc., son las que nos enamoraron, y ahí el Supergrupo no era tan importante: sí los diálogos y los argumentos de Efepé, que le dan otra dimensión a estos tebeos. Es un placer freudiano volver a ver a El Bruto, Latas, el Capitán Hispania, El Mago y la Chica Increíble, y al mejor Jaime o al sempiterno Inspector Hólmez perdiendo las fotos de la cartera, pero Jan y Efepé siguen intentando atrapar lectores adolescentes (y eso es importantísimo) y los chistes dejan a medias al lector curtido. En realidad, sucede con todos los tebeos de SuperLópez, que los leemos porque es una delicia, pero los olvidamos al instante y no nos marcan como antes.
"El ladrón del tiempo" es otra fantástica aportación de Jan al mundo de la ciencia-ficción y los viajes en el tiempo. Un entrañable y divertidísimo homenaje al Doctor Who y "Terminator" lleno de fantasía y aciertos visuales. Otra aventura de distensión para la posteridad en la campiña. Sin embargo, con "El gran desahuciador" Jan recupera el discurso crítico y la parodia explícita y mascadita con alienígenas, en el enésimo intento extraterrestre por destruir nuestro planeta, esta vez, desde dentro, con gobernantes-ultracuerpos que en realidad son villanos del espacio exterior. Un entretenido (aunque un poco maniqueo y simple) entretenimiento que remite también a John Carpenter.
El Supergrupo y Efepé han vuelto para quedarse, y enseguida tenemos la nueva entrega de esta franquicia de parodias Marvel narizonas, en una historieta en la que se ahonda un poco en su pasado, y concretamente en la historia de Latas y de su planeta, donde se traslada la acción desde Parchelona para asistir a una especie de episodio de Futurama con elementos de crítica social. "La montaña de diamantes" es una historia cruda, sencillita y tintinesca, con SuperLópez viajando a África a enfrentarse a los Señores de la Guerra y la dureza de la explotación infantil. El realismo trágico y la denuncia social son el motor aquí. "Tres pizzas y un muerto" es otra historia estupenda, chiquitita y con "narrativa Scooby-Doo", donde Jan parodia un suceso real sobre tres mujeres supuestamente psicópatas que habitan una casita rural y esconden cadáveres, entremezclando este argumento con el de una pillería del grupo de mafiosos habituales. Otro divertido fin de semana turístico. Luego vuelve el Supergrupo, en "El Supergrupo contra los Demoledores", donde el asunto de la explotación inmobiliaria se mezclado con la diáfana y descacharrante parodia de superhéroes (unos malvados Ligones Justicieros fusilados directamente de los Más Grandes de DC).
Meses después del maratón, acabo de terminar de leer el último del más reciente Super Humor, "Mambrú se va a la guerra", otra paletada de Jan dentro de su maravilloso subgénero de "turismo folclórico mágico". Su reciente experimento con los capítulos breves con título (que exploró en "Tres pizzas y un muerto") estructura de nuevo la narración secuencial, en esta nueva historia de denuncia social un poco endeble sobre la captación de miembros occidentales para la Guerra Santa y el Isis.

Martes, Mayo 31, 2016

Zoolander 2 (Ben Stiller, 2016)


Como mi primera hostia en bici, la sobremesa que vi caer las Torres por la tele o el gol de Iniesta, creo que nunca olvidaré la tarde que vi "Zoolander". Tirado en el sofá de mi anterior piso, alquilé el DVD sin saber en absoluto de qué iba, y tuve que parar la película varias veces debido al ataque de risa que estaba sufriendo. Más que con "Top secret", más que con "Dos tontos muy tontos", más que con "Austin Powers", más que con Búscate la vida, con Ángel Garó o con Chiquito, yo creo que la vez que más me he reído yo en toda la vida viendo la tele fue con "Zoolander". Mucho más graciosa que el resto de comedias de su generación, esta parodia implacable sobre la cristalina estupidez del moderniqui finisecular, ponía delante de la cámara a esa paradigmática gente guapita de plástico que desfilaba por las calles de Malasaña y nos daba mucha rabia, y les abofeteaba con la mano abierta como no habíamos visto antes. No era solo una befa cómplice y perfecta del mundo-de-la-moda: es que las modernas se morían por ser tan idiotas y descerebrados, Derek y Hansel pensaban que un bulímico puede leer la mente, el ídolo de las pasarelas volvía al pueblo y se meaban de risa de sus pelos y su pinta de sireno («¡Tritón! ¡Es un tritón!»), que los matices entre las caras del vulgar supermodelo eran inapreciables y en fin, que todas las veces que la he visto me seguía partiendo de risa con muchas ganas y bastante maldad, a pesar de sus defectos.
No sé si será porque en este tiempo la figura del mamarracho hedonista y semi-analfabeto hecho a sí mismo se ha impuesto y reivindicado tanto en los medios de comunicación, que a ver quién se atreve ahora a decir en voz alta que Mario Vaquerizo o Álex Gibaja le dan muchísimo asco y les falta una mili, sin exponerse a que sus amigos le retiren el saludo o llamen a la Policía de lo Políticamente Correcto. El arquetipo del tronista iletrado y mermado o el modeli pansexual delantero centro del Betis que toca en un grupo de post-punk al fondo del plató de Qué tiempo tan feliz ha triunfado tanto, pero tanto en la sociedad contemporánea, que probablemente la sana y vengativa burla condescendiente con la que nos reíamos de Derek y Hansel a mandíbula batiente, ha dejado de tener sentido, y da hasta un poco de miedo.
No sé si será por eso, decía, o porque "Zoolander 2" es simplemente tan mala como era humanamente posible, que da mucha vergüenza ajena. El Carlos Boyero que llevo dentro me abrió las carnes, se sentó a mi lado durante el visionado el otro día, y yo me fui a la cama a llorar y patalear hasta el amanecer. Nada tiene sentido. Si el primer "Zoolander" hizo historia con sus teasers en la MTV de entonces, a la nueva le ha pasado más o menos lo que a la propia MTV: apenas queda rastro testimonial de lo que fue, y todo ha quedado reducido a una autoparodia consciente desinflada y pocha para la generación del déficit de atención. En esta predecible y floja especie de remake ambientado en el futuro, se han olvidado del personaje de Zoolander y lo que representaba, y se han limitado a suecar y torrentizar algunas escenas de la original en bucle; esto es un "¿nos hacemos unas pajillas?" demasiado literal, en el que todo se reduce al volúmen de cameos de famosos por metro cuadrado. Nada sorprende, nada hace gracia. Ni Will Ferrell ni Kristen Wiig consiguieron desfruncir mi cara de pasmo. Qué tragedia.