Sabado, Enero 21, 2017

"Drunk, stoned, brilliant, dead" (Douglas Tirola, 2015), "Don't think I've forgotten" (John Pirozzi, 2014)


Hola. Como dije el otro día, me he abierto una cuenta en Letterboxd, con la intención de ver más cine este año y con más cabeza, e intentaré ir reseñando cosas allí bastante a menudo. De momento lo estoy logrando. Pero no me resisto a recomendar también aquí una dupla de documentales que he visto esta semana, absolutamente maravillosos e imprescindibles, cada uno abordando a fondo, de manera exhaustiva, erudita y hermosísima un microcosmos diferente de la cultura universal de la que más me gusta. A saber:

"Drunk, stoned, brilliant, dead: The story of the National Lampoon" (Douglas Tirola, 2015)

"Don't think I've forgotten: Cambodia's lost rock and roll" (John Pirozzi, 2014)

Recomiendo con muchísima fuerza ambas películas, ambas odiseas encapsuladas narradas en primera persona por los supervivientes, respectivamente, del abuso de drogas o del genocidio de Pol Pot, en torno a sendos asuntos tan importantes y ditirámbicos como fueron la historia de National Lampoon y la del rock jémer. Dos auténticos prodigios como dos soles, dos joyas del audiovisual reciente que se han plantado entre mis ojos y la mierda la tele estos días. Imprescindibles.

Biyernes, Enero 13, 2017

"Historia freak de la música" (Joaquín Barañao, 2015)

Esta semana leí mi primer libro de pago en el Amazon, trasteando entre ofertas ridículamente baratas. Uno de esos ensayos que valen lo que un paquete de chicles, que prometía ser un adelanto, una estupidez o una estafa, y que sin embargo me entretuvo mucho. El chileno Barañao, autor de éste y otros textos sobre curiosidades for dummies y cuñaos, mantiene una web de curiosidades sobre distintos aspectos de la humanidad, una especie de dietario forteano que posteriormente utiliza para dar forma a estos relatos, intercalando las bobadetas y las sorpresas en mitad del relato histórico, mostrando la historia oficial desde una mirada diferente, entretenida y terriblemente distendida. Asunto nada fácil, en mi opinión, y totalmente satisfactorio. En un principio, pensaba que me encontraba ante el primer texto oficial capaz de hacer sombra a mi plan de escribir la guía definitiva de la música increíblemente extraña, y hacerme multimillonario en el proceso. Sorprendentemente, el ensayo de este chileno tiene en su primera mitad una estructura muy similar a lo que yo hice, hablando de sensaciones, estados de ánimo, música prehistórica, experimentos con animales y plantas, y todos esos asuntos. Sin embargo, después comienza a redactar su entretenido tratado, desde su alegre punto de vista, pero siguiendo el orden oficial, mismamente el que viene en la Wikipedia, aportándole su tono desenfadado y las 500 curiosidades que promete el subtítulo. La lectura resulta, así, muy agradable y curiosa, con el añadido exótico del léxico del autor; aunque a) ni rastro de músicos outsiders o que bajaran alguna vez del top 20 del Billboard; y b) como ensayo sobre historia de la música no sería mi primera recomendación. Pero ole. Entretenimiento de tren subterráneo por una semana, más barato que un viaje.

Miyerkules, Enero 11, 2017

Platoon (Oliver Stone, 1987)


Yo creo que lo que hace que actualice poco este blog, es el coñazo de poner las fotitos de las carátulas aquí arriba; además de que ande tan liado en el poco tiempo libre que tenemos todos, en mi caso dedicado a mis adorados pasatiempos fanzineros y radiofónicos. Estar casi todo el tiempo descubriendo música para el programa hace que apenas reseñe discos aquí (aparte de lo difícil, lo absurdo y lo poco que me interesa la crítica musical en sí); y este año, por el momento, tampoco voy a poner muchas pelis en el blog, ya que me he abierto un "diario de visionados" en Letterboxd. Sí, me he hecho un propósito de esos, y de momento me está animando a perder menos el tiempo viendo cualquier puta mierda en la tele, y andar pensando cada tarde qué quiero ver de verdad cuando llegue a casa, me quite los zapatos y me haga la tortilla. Es para lo que sirve esto. La semana pasada, por ejemplo, y aunque solo mencioné a la tremenda "Platoon", estuve obsesionado con el audiovisual en torno a la Guerra de Vietnam, viví toda la semana con una especie de síndrome de ídem, y también vi "Cuando éramos soldados" (menuda basura) y un par de documentales extraordinarios. También comencé a leer "Despachos de guerra", que he puesto a la cola porque tengo 8 libros a medias, pero me hace mucha ilusión leerlo por fin. Y estuve hojeando mi cole de The 'Nam, y releyendo El último día en Vietnam de Will Eisner. Y en fin, que entre lo uno y lo otro este blog lo voy a tener a medias, pero conste todo esto. El último programa me gusta mucho cómo quedó, aunque raje más de la cuenta y me da un poco de corte la intro. Pero es que soy un flipado del tema, tenía muchas ganas de pinchar country a favor de la guerra, a Dylan, a Bạch Yến, Sinn Sisamouth, Ros Sereysothea, Voa Saroun, Yol Aularong, Trịnh Công Sơn o la de los Animals. Creo que es de los mejores

Miyerkules, Enero 4, 2017

Vision (King, Walta, 2015-2016)


Todo el mundo habla de ello, y tenía que comprobarlo por mí mismo: se dice que la nueva miniserie de Visión es de lo mejor que ha publicado Marvel en lo que va de siglo. Efectivamente, después de las primeras páginas no he podido esperar a la publicación en español del segundo tomo, y despaché ayer los 12 números en el iPad. Y realmente es algo diferente, sorprendente, "fresquito". Ello tiene que ver con el tono de la historia, y también con los colores; creo que buena parte de su atractivo recala en esa paleta de rosas y verdes, el estilo realista y sobrio de Gabriel Hernandez Walta y la estructura constante y limpia de las viñetas (a lo Watchmen). A mí, al menos, el efecto cromático, desde las impresionantes portadas de Mike Del Mundo (o la espectacular incursión del invitado Marco D'Alfonso) me subyugó desde el primer momento, resulta terriblemente atractivo, cálido y al mismo tiempo aséptico, y le aporta a todo un bellísimo barniz. Imprescindible y glorioso el trabajo de Jordi Bellaire. En cuanto al contenido, es una especie de sitcom doméstica y tragicómica ambientada en los suburbios y protagonizada por robots (o sintezoides), que en un principio recuerda a Cosas de marcianos, a The neighbors, a Fido, a la artificialidad extraña y casi molesta de Suburgatory, pero que nos estallan en la cara desde el principio en forma de muerte y destrucción. La voz principal también resulta sugerente y embriagadora, exótica, aunque abuse de esa herramienta de anticipar acontecimientos futuros. Como fan de Marvel, me gusta mucho que se recurra al pasado de los personajes y se hagan sobreesfuerzos por mantenerlo todo dentro del Universo Marvel, que no quepa ninguna duda de que es una muesca más en nuestra larga aventura como lectores, no un hito aislado (me dieron mucha rabia experimentos como X-Statix, que vale, muy original todo, muy hipster y posmoderno, pero perfectamente podría haberse publicado tal cual en el sello Vértigo o en IDW; no se trata de respetar la continuidad, sino al lector interesado en los personajes de Marvel). En este sentido, consigue que redescubramos al viejo Visión, la mini de La Visión y la Bruja Escarlata, los principales arcos de Los Vengadores, las diferentes encarnaciones del sintezoide, todo es respetado con enorme cariño y revisitado, aunque todo sea tan absolutamente nuevo. Y resulta agradable y refrescante, pese a que todo es terrorífico, dantesco y todo el mundo muere todo el rato. Una gozada.

Martes, Enero 3, 2017

"Eres hermosa" (Chuck Palahniuk, 2016)


Otra de mis lecturas de finales del año pasado fue la novela más reciente de Palahniuk, que le tenía abandonado; recordé las tres o cuatro de sus novelas que tenía pendientes desde "Snuff" y "Pigmeo", preparando un programa de radio sobre Discordianismo que trufé de fragmentos de la versión cinematográfica de "El club de la lucha". Y compruebo que sigue ahondando en la misma línea, con su estilo crudo, posmo e incómodo al servicio de novelas breves pero llenas de ideas grandilocuentes, tratadas con ligereza y mucho humor grueso. En este caso, todo es una crítica de la sociedad de consumo, y concretamente al consumidor masivo de Apple o al hype de objetos culturales basura como "50 sombras de Grey". Chuck lo aborda inventándose su propio objeto de culto absurdo masivo: una línea de productos de placer íntimo femenino (la que da nombre a la novela). Un excéntrico multimillonario es en secreto un mad doctor que lleva casi toda su vida investigando fórmulas ancestrales de producir placer a las mujeres. Después de tener misteriosas relaciones con varias estrellas del gossip (e incluso con la misma presidenta de EEUU), su nueva novia es una joven y anónima abogada, a la sazón protagonista de la historia, a la que somete a todo tipo de experimentos sexuales, hasta finalmente poner a punto sus productos (libélulas masturbadoras, extrañas bolas chinas, esprays y ungüentos cosméticos de placer extremo...) y lanzarlos al mercado, provocando un auténtico colapso social que invariablemente puede suponer el fin de la Civilización, el mismo Apocalipsis, tal es la respuesta somática y la adicción de todas las mujeres del mundo. En este cóctel sicalíptico, entremezcla escenas de erotismo extremo con filosofía zen, terrorismo cultural, mensajes apocalípticos, acción y romance, y sobre todo parodia y machaca a grandes iconos como Ally McBeal, Bridget Jones, Paulo Coelho, Steve Jobs, Anastasia Steele o Chuck Palahniuk.

Lunes, Enero 2, 2017

Occultic;Nine (2016)


Los dos últimos días de 2016 y el primero de 2017 los pasé viendo a ratos este animé reciente (se estrenó en octubre y su último capítulo se emitió en Japón el día de Navidad). En un par de sitios lo vi recomendado como una de las mejores series de animación japonesas del año que acaba de extinguirse, y su temática, su estética y el hecho de tratarse de una obra completa, me animaron a echar un vistazo, que terminó por engancharme. Esta primera temporada (no tengo ni idea de si tendrá continuidad) es un animé estándar de 12 episodios; es decir, que se puede ver en un atracón como si fuese una peli de 4 horas y pico. Aunque difícilmente podría ser trasladada a una ova más breve, ya que no tiene nada de paja, y escupe ideas a un ritmo frenético, no hay planos paisajísticos ni contemplativos, no sobra nada, salen motones de personajes parloteantes, durante estas cuatro horas se va añadiendo información cada vez más compleja y enrevesada, no hay ni tres segundos seguidos sin personajes hablando y hablando, y si pestañeas, te pierdes. Es una auténtica locura que mezcla docenas de conceptos habituales en el mundo de lo sobrenatural: conspiraciones, rituales, sectas, Nuevo Orden Mundial, control mental, fantasmas (yūrei), suicidios en masa... Todo ello bien atado en una trama disparatada y en constante crecimiento, con un montón de giros argumentales (alguno un poco decepcionante) y donde todas las piezas van encajando poco a poco.

Estamos ante una historia protagonizada por un joven llamado Yuta Gamon, un bloguero aficionado a los temas paranormales, que lleva una página amateur llamada Descontrol, y se hace llamar a sí mismo "el dios de los ninis"; un simpático alegato conformista millennial. Suele actualizar su blog desde un bar llamado BlooMoon, regentado por un mariquita de risa (Izumi), y pronto se hace amigo de una lolita tontorrona de pechos gigantescos (Narusawa Ryoka, a quien pronto apodará "Ryotas", imagino, en referencia a sus enormes ryotas), que será la primera colaboradora del grupo Descontrol. También vamos conociendo poco a poco a los otros personajes que girarán en torno a esta, insisto, enrevesada y compleja historia: el menudo detective Syun Moritsuka; la idol televisiva con visiones premonitorias, Miyuu Aikawa, que se reúne con Yuta porque lo dicta el destino; una redactora de la importante revista de temática paranormal MuMu (¿un guiño al discordianismo y a Robert Anton Wilson?), llamada Touko Sumikaze; una especie de adivinadora misteriosa, obsesionada con su hermano muerto, llamada Aria Kurenaino, que posee su propia mascota-demonio alado; la dibujante Ririka Nisizono, autora de un misterioso dōjinshi (fanzine de manga autoeditado) que parece estar narrando dramáticos acontecimientos venideros con detalles que no conocen ni siquiera las autoridades; Sarai Hashigami, el brillante hijo de un científico asesinado; o Asuna Kisaki, una agente del FBI también con poderes precognitivos.


Básicamente, estos son los nueve (más bien doce) protagonistas recurrentes aficionados al ocultismo que dan nombre a este culebrón a la velocidad de la luz que se desarrolla en el barrio de Kichijoji, en Tokyo. Todos ellos, huelga decirlo, son jovencísimos millennials occidentalizados, de ojos grandes y aspecto reconocible y fácilmente transformables en muñeco de PVC. Aunque sin grandes estridencias, sin pelos de colores ni extensiones imposibles: todo es bastante sobrio estéticamente. Lo más llamativo es el abrigo bicolor de Gamon y las tetas como calabazas de Ryotas. O la vestimenta estereotipada del detective Moritsuka, que al parecer viste un cosplay inspirado en un detective muy famoso del manga (no sé cuál, aunque se lo dicen todos y él lo niega). La tetona y el camarero mariquita son dos de los pocos desahogos cómicos de la serie... aunque solo en la primera mitad, porque todos van a terminar siendo algo muy diferente a lo previsto. La serie está repleta de pequeños detalles (juegos con la numerología y la simbología, como si tuviéramos que descifrar nosotros mismos ciertas cosas, jugando a lo mismo que los protagonistas), con unos fondos y una animación preciosos, una música que excepcionalmente no me resultó irritante, ningún argumento innecesario (todo es importante para la trama) y algunos efectos de "cámara" sorprendentes, como elementos que aparecen borrosos en primer plano (esa escena en la que una araña, sin venir a cuento, juguetea con el objetivo de la cámara) o escenas en las que la imagen está torcida, en vertical, en diagonal o incluso dada la vuelta. No sé si esto es algo habitual en la animación japonesa (lo ignoro casi todo al respecto), pero me resultó muy curioso ese tratamiento, con planos muy breves vistos desde puntos de vista extraños (contrapicados, largos picados desde el cielo), brevísimos planos casi subliminales intercalados en las conversaciones o esos giros de "cámara" loquísimos de 90º o 180º. Visualmente es una delicia, destacando, insisto, un ritmo casi insoportable.

La trama tarda un par de episodios en explotar, y creo que es mejor no saber demasiado; pero tiene que ver con el asesinato del citado científico, con una llave dorada que escondía en forma de implante molar, y sobre todo con el misterioso suicidio de 256 ciudadanos, que una madrugada deciden sumergirse alegremente hacia el fondo del lago del idílico y pacífico Inokashira Park, uno de los lugares más apacibles de la ciudad, y morir ahogados. Poco a poco vamos descubriendo qué demonios está pasando. Aparece por ahí una especie de logia malvada, denominada Los 8 Dioses de la Fortuna (cuyo emblema son 6 serpientes formando un asterisco), algún mad doctor, fantasmas, resucitados, viajes en el tiempo, espectros que se comunican a través de una emisora de radio, y hasta una hija secreta de Nikola Tesla. Un disparate que funciona como un reloj, realmente entretenido y recomendable.

El del animé es un mundo que me resulta poderosamente atractivo, pero que me pilla muy de lejos. Sigo algunos blogs del asunto, y trato de leer cosas que me mantienen más o menos al día, pero veo muy pocos, y mucho menos que me enganchen hasta el final. Los últimos que vi enteros fueron una locura pseudo-erótica para adolescentes con personajes de fantasía mitológica llamada Monster Musume no Iru Nichijou, la primera temporada del gran éxito Kangoku Gakuen (Prison School), Highschool of the dead o Btooom! Creo que puedo recomendar todos ellos, aunque estoy seguro de que me estoy perdiendo cosas mucho más interesantes. Uno puede pasarse toda la vida viendo solo animación japonesa, renunciando al resto del audiovisual, la lectura y la música, y no va a encontrar tiempo de ver todo lo que le apetece, ni siquiera ciñéndose a sus géneros favoritos, tal es el volumen de producción del asunto. Y aunque parece algo inabarcable, lo cierto es que rebuscando entre algunos tops o siguiendo algún canal de Youtube especializado, y sobre todo gracias a la titánica labor de lugares como AnimeFLV, es un medio muy accesible. En general, pocos animes están destinados al cuarentón occidental, pero hay algo en esta subcultura que me subyuga, y como aficionado a Expediente-X y al contubernio judeo-masónico Occultic;Nine me ha dejado satisfecho. He comenzado el año 2017 viendo esto (bueno, al despertar con el cerebro lechoso en Año Nuevo me tragué una mediocre comediarromántica de Jennifer Aniston) y tengo ya preparadas un par de series más para los próximos días. Ayer 1 de enero, además, me regalaron un iPad de 3ª mano, y ya lo he llenado de tebeos. A ver si mantengo el ritmo en este blog, para variar.

Lunes, Disyembre 12, 2016

Ofertas navideñas en LIBRITOS JENKINS


Voy a volver a poner en circulación, de manera limitada, todos mis fanzines de LIBRITOS JENKINS. Una ocasión ideal para hacerse con todos. ¡Díselo a todo el mundo!

Linggo, Nobyembre 27, 2016

"El disparador cósmico" (Robert Anton Wilson, 1977)


Esta semana que ahora agoniza la he pasado con las narices metidas todo el rato en "El gatillo cósmico", gracias a la traducción desinteresada del blog La Manazana Dorada, nutritivo punto de encuentro discordiano en español; terminé de leerlo el 23 de noviembre a las 8 de la mañana en el transiberiano hacia Carabanchel, justo en el instante en que se cumplía el 41º aniversario de su publicación y se moría Rita Barberá. Hermosa sincronía jungiana. Ahondando en las enseñanzas de "Principa discordia" e "Illuminatus!", RAW desentraña en esta especie de memorias personales forteanas su progresiva introspección personal en el mundo de la sospecha hacia cuanto nos rodea, y de la catarsis interpretativa que le supuso descubrir cómo funciona el mundo, cómo nada es lo que parece y cómo la realidad no existe sino que la inventamos sobre la marcha. Un breviario de ideas, observaciones, lecturas y encuentros, dedicado a la figura de su amigo Timothy Leary y a los preceptos de Crowley, Gurdjieff, Jung, Buckminster Fuller y otras grandes mentes preclaras del siglo XX. Ahora veo a través de mi mano.

Miyerkules, Nobyembre 16, 2016

Puppets & Clay: Stop-motion fanzine #05 (2016)


El 3º post que escribí en la historia de este blog, hace ¡¿seis años y medio ya?!, fue sobre el primer fanzine de Puppets & Clay, la primera entrega en papel xeroxizado y grapado, lanzado en paralelo al blog Puppets & Clay. Hace casi siete años, pues, yo ya leía el estupendo blog de Adrián Encinas, que con el tiempo se ha convertido en uno de los sitios de referencia en torno a la animación stop-motion a nivel mundial. Leí en su blog que Adrián lanzaba un fanzine, tan cutre, barato y retro como los míos, y rapidamente le hice un pedido. La ilusión que me hizo que alguien volviera a editar fanzinitos fotocopiados, con el mismo espíritu original de revista hecha por un fan, sobre un tema del que se trata poco en los grandes medios, como un auténtico boletín de un club de fans... fue tal que (junto con otros fanzines similares que pillé por aquel entonces) me animó a abrir, de hecho, este blog, en el que reseñar este material poco conocido. Con el paso del tiempo, cada vez fui hablando más con Adrián, de vez en cuando le envío enlaces a cortos de stop-motion (es lo que tiene ser de verdad un referente en la divulgación: que ves una pieza en YouTube sobre el asunto, y enseguida piensas en él), y llegamos a conocernos en persona. A finales de aquel mismo año, Adrián sacó un segundo número de P&C, y de paso reeditó el primer número, ya en formato siglo XXI, con papel satinado, a sangre, en imprenta, y esas fascinantes portadas llenas de monstruos y personajes que le hace Dani Moreno. En alguna ocasión vendimos nuestros fanzines juntos en alguna feria. El blog de Adrián y su página de Facebook han ido creciendo de una manera monstruosa, él participa en charlas y todo tipo de eventos, y no para de aportar piezas al puzzle de la stop-motion, como su reciente libro "¡Bien hecho, Gromit!", primera hagiografía del estudio Aardman que está dando la vuelta al mundo, o las proyecciones que va a organizar a final de este mismo mes en el Círculo de Bellas Artes. En este tiempo, Adrián también ha sido papá. Es el Forrey Ackerman del stop-motion mundial. Su labor de divulgación es incansable, meticulosa e imprescindible, porque esto le apasiona de verdad, es su vida y lo sería igual aunque nadie le leyera o no le hubiera dado por dejar que el público mirara lo que evoca sus fantasías.

Y su fanzine ha seguido saliendo de vez en cuando, con el mismo formato precioso y electrizantemente atractivo y un montón de contenidos diferentes. El último número, el 5, salió hace casi un año, y ya es hora de que se ponga con el nuevo o le mato. Pero el caso es que lo tenía pendiente de reseñar desde entonces, porque me gustó especialmente. Si todo lo que huela a animación foto a foto me encanta, en este caso el tema central de su revista estuvo dedicado a los brick films; es decir, a las peliculitas en miniatura rodadas en stop-motion con ladrillitos y minifigs de LEGO. El artículo es completísimo y muy hermoso, y nos habla de un montón de pelis hechas por fans de LEGO, además de entrevistar a algunas minifiguras del gremio como Pablo Llorens, que se ha reciclado en artesano de maravillosos videos de YouTube para críos como Plastilego o Lego, clay and fun! El fanzine se completa con pin-ups, tebeítos y hasta una fotonovela del propio Llorens; algunos artículos más academicistas sobre el gremio, otros más pop como el de monstruos clásicos en la stop-mo (hay que acordarse de Harryhausen todo el rato, claro que sí) o la peli de Tintín del 47, noticias breves, reseñas, videoclips... Una maravilla. Si el mundo fuese justo, Puppets & clay sería una revista mensual de kiosko, y no existiría AR.

Lunes, Nobyembre 14, 2016

Bicefalia Pop (Libritos Jenkins, 2016)


La semana pasada añadí un nuevo lanzamiento a mi propia colección de fanzines publicados conjuntamente como Libritos Jenkins. Se trata de un ensayo probablemente único en el mundo, que repasa cientos de apariciones del mitológico monstruo de dos cabezas en el cine, la televisión, la literatura o el cómic.


Todo surge, como cuento dentro, de una obsesión personal con los individuos bicéfalos, horrible e incorrecto eufemismo que define a dos hermanos siameses unidos desgraciadamente durante la gestación, nacidos dicephalus dibrachius cuando comparten un único tronco, o dicephalus tetrabrachius o siameses isquiópagos cuando su fusión parte de la cadera, contando con cuatro brazos pero un solo par de piernas; y teniendo en cuenta también a los siameses independientes pero unidos por la cadera, la espalda o la cabeza. Esta fascinación por la imponente figura del ser múltiple y aparentemente de cabezas supernumerarias, me llevó hace mucho tiempo a coleccionar menciones y avistamientos en todo tipo de productos en la cultura popular (y también a acumular montones de figuritas de pvc de monstruos y personajes policéfalos), y finalmente hace unas semanas me animó a escribir mi propio ensayo en torno a esta figura, consciente de la injusticia de que haya tantos libros en torno a zombis, vampiros, hombres-lobo, acondroplásicos, hipertricóticos, locos, asesinos o bestias de todo tipo en la cultura popular, pero que nadie se fijara en lo especial de este humanoide múltiple. Con la de connotaciones religiosas y morales que encarna en un solo ente antagónico, con lo interesante que resulta su origen mitológico, teratológico y cultural.


Encontramos criaturas bicéfalas o policéfalas en la Biblia, en la mitología griega o amerindia, en jeroglíficos egipcios ancestrales, leyendas artúricas, narraciones vikingas, restos arqueológicos de todo tipo de civilizaciones de la Antigüedad... Sin embargo, en la cultura popular este mito no ha sido tan explotado como el vampiro o el zombi, y siempre me intrigó saber por qué. Desde luego, creo que no es debido a que las defomaciones extremas sean un grave problema médico o teratológico, eso nunca ha sido impedimento para los autores. Y de hecho, husmeando un poco, he conseguido "cazar" un buen montón de ejemplares para hacerles figurar en este bestiario. Pero sin duda, la criatura de dos cabezas ha quedado relegada a un rincón marginal del audiovisual. No existe la Gran Película, el gran personaje inconfundible y con nombre propio que abandere esta tipología concreta, sin contar al Monstruo de Dos Cabezas de Barrio Sésamo. Tal vez si la Universal hubiese escogido a un dicéfalo en lugar de a un jorobado como ayudante del Dr. Frankenstein, o si Disney hubiese explotado a los gigantes y los dragones de dos cabezas en su etapa clásica, la historia hubiese sido diferente; pero el siglo XX apenas nos dejó 4 grandes películas, de diferentes géneros, centradas principalmente en esta figura como protagonista total. Es cuando miramos hacia el plantel de secundarios y tipificamos el desfile de extraterrestres, monstruitos de dibujos animados o bestias del peplum cuando comenzaremos a ampliar la alineación de manera exponencial.


"Bicefalia Pop" pretende ser un primer acercamiento al fenómeno, a la dualidad interior que subyace en todo monstruo, encarnada en esta ocasión en un mismo cuerpo. Creo que nadie ha hecho algo así antes, ni bien ni mal ni regular como yo. La ausencia de bibliografía es lo que me animó definitivamente, como me pasa con los otros fanzines. Fantaseaba en un principio con hacer un ensayo complejo y exhaustivo al estilo de lo que hace David J. Skal con el mito del chupasangres, pero las aspiraciones se fueron reduciendo a un repaso a los avistamientos más importantes. En el fanzine hablo de monstruos mitológicos, de heráldica y vexilología, de teratología, de los experimentos con perros de Vladimir Demikhov y de esas ferias de freaks del siglo XIX que hicieron famosos a los siameses Eng y Chang, los gemelos Tocci, las hermanas Daisy y Violet Hilton o la increíble historia de Edward Mordrake; y no me olvido de casos tan increíbles como las hermanas contemporáneas Abby y Brittany Hensel. Pero sobre todo es una búsqueda de apariciones de la criatura bicéfala en la cultura pop: marcianitos, pokémon, cromos de monstruos, muñecos de felpa, animales mutantes, simpáticos dibujos animados de risa, canciones, historias de terror gótico en tebeos pre-code... Ese es el grueso de la obra. Una búsqueda de criaturas redactada con pasión entomológica, ordenada y adornada con tebeos, cromos y pantallazos de todo tipo.


El fruto de esa obsesión, de ese homenaje a mi propio coleccionismo de plástico, es "Bicefalia Pop". Un fanzine creo que entretenido y repleto de referencias y curiosidades, de lectura ligera. 84 páginas en blanco y negro (portada y contra a todo color), en el mismo formato cutre, trasnochado y absolutamente superado, en el que lo que prima es el contenido. Un nuevo miembro de la creciente familia de Libritos Jenkins, que pongo en casa de cualquier interesado previo desembolso de 6€, gastos de envío incluidos, escribiendo a:
frunobulax04@gmail.com
 
 

Los chicos que coleccionaban tebeos / Batman: Serenata nocturna / Superman: La creación de un superhombre


Sin duda, corren maravillosos tiempos para la lírica en torno a los señores con poderes en pijama, y sobre todo para las historias de quienes les crearon, y hasta quienes les leyeron. Yo mismo me lo paso pipa en este blog escribiendo sobre mi propia relación con los tebeos de superhéroes, o contando cuánto me excita enfrentar tochos de mitología sobre todos esos señores judíos arquitectos de universos de fantasía (por ejemplo estos). Las novelas que fantasean sobre la vida de aquellos mentores, como "Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay" o "La fortaleza de la soledad" están entre mis obras de ficción favoritas. Y no hay personaje o autor que no tenga sus buenas resmas de papel en formato noble. Estos días he vuelto a poner en la mesita de noche varios palmos de ensayismo pop. Estos tres los he devorado en muy poco tiempo, en las últimas semanas.

"Los chicos que coleccionaban tebeos" (Julián M. Clemente, Helio Mira) es una novela cuyos protagonistas somos nosotros, los freaks que crecimos en los ochenta, y es imposible no sentir escalofríos en muchos de los episodios que se narran, rememorando todo aquello que hicimos que nos ha traído hasta aquí. Principalmente, es un hermoso homenaje al trabajo en la sombra (o con disfraz) de los profesionales detrás de Fórum y Zinco, aunque no se deja practicamente nada por relatar de cuanto llegó a los kioskos y las pantallas en esa década. La novela hace equilibrio entre las memorias nostálgicas de un loser de extrarradio, y el reportaje de publicación del material americano en España, repasando cada fenómeno cultural desde el punto de vista de unos chavales que se lo compraban todo, lo comentaban todo mes tras mes, y redescubrían el material previo en las cochambrosas ediciones de Surco, Bruguera, etc. A través de esos personajes, los autores hacen recuento de lo que iba llegando al kiosko, vertiendo las firmes opiniones que nos venían a la cabeza a todos entonces. La prosa es tan diáfana, almibarada y carente de todo adorno como el propio título, y el tono y la abundancia de frases hechas compite con los libros de Barco de vapor, pero aún así la lectura es adictiva y necesaria para toda una generación de acumuladores de tebeos como nosotros.

David Hernando es uno de los nombres habituales en los artículos de información de las ediciones de Planeta y ECC, y de hecho fue editor de Batman y Superman para Planeta a comienzos de este siglo. Uno de los relevos de esos Dr. Átomos o Prof. Loki a los que rendía pleitesía la novela de antes, en la actual edición española de DC (más o menos, lo que el propio Julián Eme hace hoy con Marvel en España). Hernando publica además incansablemente ensayos sobre el mundo del cómic, entre ellos estas dos joyas que narran la intrahistoria de Batman y Superman, que poco tienen que envidiar a las Historias Jamás Contadas de Marvel o Spier-Man. "Batman: Serenata nocturna" tiene por objetivo, principalmente, dar luz a la oscura verdad que se esconde detrás de la firma de Bob Kane. De un tiempo a esta parte, el secreto a voces de que Kane no fue el creador en solitario de Batman, sino que fue ayudado en gran medida por Bill Finger, se ha ido abriendo paso y poniendo en evidencia que no solo eso, sino que Kane apenas sabía hacer la Batcueva con un canuto, y que probablemente no llegaría a dibujar más de cinco o seis tebeos en su vida, pese a que los firmara todos durante décadas y figurara como creador absoluto del personaje. Mostrado como un auténtico tirano, que tenía a medio DC chantajeado, pisoteando a todo el que fuese, manejando la información con la frialdad de un abogado del Sr. Burns y contando siempre con negros en la sombra, la carrera de Kane queda reducida a una chirigota, y el personaje emparentado con el propio Bane. El libro está deliciosamente documentado, y nos lleva de la mano a través de seis o siete décadas de curiosidades alrededor de la publicación de los tebeos de Batman, y no se olvida de todos los vericuetos sobre las series, películas o seriales radiofónicos. Un ensayo imprescindible. En la misma línea, "Superman: La creación de un superhombre" es una gran hagiografía del héroe más grande del mundo, desde que los abuelos de Joe Shuster y Jerry Siegel pisan Manhattan hasta hoy mismo, igualmente repasando cada saga, cada autor, cada hito, cada peli, cada serie y cada campaña. Otro tratado fabuloso y nutritivo para lectores como yo, que solo nos hemos acercado a unos pocos retapados de la época de John Byrne.

Huwebes, Oktubre 20, 2016

Principia Discordia (Robert Anton Wilson, 1963)


Ayer iba en el autobús, en uno de mis largos periplos alrededor del mundo en la EMT, y a mi lado iba un infraser leyendo el Marca, y no pude evitar leer de refilón un titular en el que decía que la Liga BBVA está más igualada que nunca. Lo primero, que me parto. Lo segundo, que caí en la cuenta de que por fin, por fin, he logrado mi objetivo de permanecer totalmente ajeno al mundo del fútbol. Progresivamente, a lo largo de los años, me he ido desentendiendo por completo. Nunca me ha interesado demasiado, siempre ha sido más poderoso mi odio a las grandes empresas deportivas y mi incapacidad para sentirme identificado con ninguna bandera que mi pasión por este deporte, aunque hace unos pocos años hasta iba de vez en cuando (gratis, vive Dios) al Calderón con un ex-amigo forofo, y miraba a veces la quiniela. Pero en los últimos años, incluidos mundiales y hostias, creo que no he visto ni dos partidos enteros. Pero es que de un tiempo a esta parte, considero que para ser aficionado al fútbol televisado, y perdón por la generalización, creo que hay que ser medio imbécil. Roncero, Pedrerol y demás gentuza han conseguido que la información deportiva solo le interesa a los niños y a los bakalas. Me he bajado de ese carro por completo, con mucho orgullo. Y ayer me acordaba de esto. Yo iba en el Metro hacia ninguna parte leyendo en el Kindle, que he heredado un Kindle de segunda mano y estoy tan contento, por fin voy a poder leer dignamente un montón de cosas que acumulaba en el disco duro, años y años de acumulación de epubs y archivos extraños. Mi viejo tablet creo que ha petado, y al ser una maravillosa pantalla en colores chillones ideal para mis constantes lecturas de tebeos (que ahora creo que van a ser postergadas a noches ociosas junto al portátil, que también he medio jubilado ahora que tengo un sobremesa como de la NASA), me daba pereza leer en negro sobre blanco. El Kindle es perfecto. Y tengo mucha lectura ignominiosa pendiente.

Por ejemplo, a RAW es prácticamente imposible leerle en castellano fuera de una pantalla. Gracias al blog discordiano de La Manzana Dorada, que es una cosa increíble que siga existiendo, hace mucho que recopilé todos los evangelios de RAW, y tengo por ejemplo la lectura de la "Trilogía Illuminatus" a la mitad más o menos, pero ahora empezaré de nuevo. De momento, en un par de días me he ventilado la Biblia discordiana. Ya era converso hace tiempo, y ser discordiano es ideoal cuando menos para iniciar largas conversaciones. Pero solo había llegado a leer el prefacio. En realidad, el resto de la obra me decepcionó bastante, es un catálogo de corta-y-pegas muy simpático y un extraordinario panfleto hijo de la Contracultura, pero ahora puedo constatar que lo mejor es el prefacio, que leí esta semana por tercera vez y me afianzó la Fe.


Como paso más tiempo en el Metro ultimamente que un jodido troll, también me ha dado tiempo a leer el "Manifiesto de Unabomber", de Theodore Kaczynski o "Murder Inc." de Jack The Rippa, que valiente tostón ambos, "Steal this book!" de Abbie Hoffman (por encima) un cuento de Alan Moore, algunas estupideces conspiranoicas y otros panfletos así que tenía acumulados por el cacharro, entre ellos un par de novelas biográficos de un vagabundo que me encontré por la calle un día, que es en lo que estoy ahora, y que ya contaré en otra entrada en breve, porque es una cosa fascinante y una historia bien bonita, que probablemente solo he leído yo y que me estoy planteando editar yo mismo en Libritos Jenkins. Pero ya lo cuento si eso en otra entrada. Esta mañana me he despertado fuerte, curiosamente, insuflado de una energía que no sé de dónde ha venido, y tengo un plan para las próximas jornadas. Estoy escuchando atentamente "Another green world" de Brian Eno, igual que el personaje de Jonathan Lethem en la última página de "La fortaleza de la soledad", y le voy a dar varias oportunidades, porque nunca me han interesado demasiado estas cosas, pero ahí siguen Eno, Fripp y el propio John Cage metiéndose en mi cabeza toda la mañana, entre recados y planes mentales. También estoy haciendo mi propio "countdown to Halloween" como un adolescente de Kentucky, viendo más o menos una peli de género cada día (incluidas las 4 de la Monstrua o el porrón que estoy viendo para un fanzine que progresa adecuadamente, que si no de qué iba a llevar este ritmo), y alguna cosa me ha gustado bastante, también quiero dejar constancia aquí, pero ahora me tengo que ir. Todo el rato me estoy yendo...

Martes, Oktubre 4, 2016

Primer Aniversario de REUNIÓN DE MAJORETTES


Mi programa de radio musical, REUNIÓN DE MAJORETTES, acaba de cumplir un año. Hacerlo es mi pasatiempo favorito, y estoy muy contento con cómo van las cosas. La gente, comprensiblemente, apenas escucha podcasts de música, y todos los podcasts de música que cotilleo en Ivoox, incluidos los programas famosos de la radio nacional, tienen menos visitas que el mío. Las escuchas totales rondan las 25.000. Recibo poquísimos comentarios, pero siempre muy positivos, y me consta que tiene seguidores muy fieles, lo cual me hace mucha ilusión. Hoy he hecho este póster recopilatorio de los 41 programas de la primera temporada.

Aquí están archivados todos los programas.

Este es el blog del programa.

Y aquí el Facebook.

Linggo, Oktubre 2, 2016

"La fortaleza de la soledad" (Jonathan Lethem, 2003)


Estoy terminando de leer una de las novelas más bonitas con las que me he cruzado en mucho tiempo. Conste que me la encontré de segunda mano en la tienda de papel al peso del mercado de San Fernando el otro día, que me leí las primeras doscientas páginas de una sentada, y conste que aún no la he terminado, me queda un pellizco, probablemente mañana en la expedición en la EMT la ventile. Pero llevo un par de semanas loco por recomendarla a voces a quien se encuentre con este texto, si eso sucede alguna vez, o como mínimo rememorarla, relamerme.

Lethem me sonaba ligeramente, uno de esos nuevos pesos pesados que pujan por pasar a la historia entre la generación de babyboomers que copan el mercado de la Nueva Ficción Americana. También me sonaba que había escrito algún tebeo para la Marvel transmedia de Quesada. Lo pillé, básicamente, porque rara vez me han decepcionado las novelas naranja butano de la colección 21. Una vez en faena, mi cauta curiosidad se fue transformando progresivamente en asombro, en placer, en regocijo absoluto. Lethem se ha colocado muy cerca de Michael Chabon, Nick Hornby o Douglas Coupland en mi colección de motivos de culto contemporáneo personal. Y por ahí van los tiros: "La fortaleza de la soledad" es una obra maestra que sintoniza de maravilla, y le hace sombra (también en volumen), a "Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay". Una epopeya deliciosa, extraordinaria, escrita por un fan para todo el fandom entusiasta de la cultura pop norteamericana. Uno de esos libros que los abres y te golpea en la cara una brisa de sana e inteligente melancolía que te abraza y te transporta a ese lugar feliz, ese estado mental en el que nos envolvemos los aficionados a los viejos tebeos de superhéroes, las novelas baratas de bolsillo, la entrañable ciencia-ficción de los cincuenta, los discos de vinilo crujiente, los templos de la Cultura: nuestra propia fortaleza de la soledad.

La Fortaleza de la Soledad es el lugar en el que Supermán se escondía de vez en cuando, para reflexionar y descansar de su constante actividad física y mental como guardaespaldas del planeta Tierra. En la novela, en principio, es la habitación donde pasa casi todo el tiempo el padre del protagonista, ilustrador de portadas de novelas pulp y orfebre de la animación artesanal (con pincelito sobre rollo de filmina). Dicho protagonista se llama Dylan (como Bob), y es un chico blanco creciendo en un barrio negro de Brooklyn a comienzos de los años 70. Su mejor amigo es un chico negro, llamado Mingus (como Charles) que tiene mucho flow y no para de meterse en líos. A lo largo de la novela vamos a asistir a toda la adolescencia del chico, desde el momento en que su madre le abandona y se transforma en una tortuga hippie viajera que le envía poemas como si fuese su tío Matt; le veremos crecer en el gueto, asistiremos a docenas de encuentros con níguers que le achantan el dinero de los tebeos, su iniación en la supervivencia urbana, en el mundo de la literatura pop, el de la droga, el del grafiti, el de la decepción y la misantropía, el de las tiendas de discos y el de las niñas.

El narrador salta de la tercera a la segunda persona en la primera parte con mucho salero, dirigiéndose a veces a Dylan y a la vez a nosotros; y la segunda mitad de la historia está escrita en primera persona, confirmando definitivamente la autobiografía ficcionada. La prosa de Lethem es tremendamente amena, florida y hermosa. E instructiva, plagada de referencias: al tiempo que vemos evolucionar a Dylan, Mingus y sus amigos, presenciamos dos décadas y pico de historia norteamericana. Es una novela sobre crecimiento personal de niño a hombre, de la school al high school y de ahí a la universidad y la vida laboral; pero también es un viaje del soul al disco, del jazz al hip-hop, de Kirby a Romita Jr., de Pat Ewing a Shaquille O'Neal, de lo beatnik a lo hipster, de la Nueva York salvaje de Lumet o Scorsese a la ciudad gentrificada y domesticada post-Giuliani. Desde la llegada del hombre a la Luna hasta su regreso a la Tierra de un tortazo.

La novela entrecruza ficción y realidad a varios niveles. Encontramos ecos de la biografía de Marvin Gaye en el padre de Mingus, y de Ray Bradbury en el de Dylan. Visitamos remedos del Studio 54, el CBGB's, las calles de Sedgwick donde nació el hip-hop, el metro de "Pelham 1, 2, 3", el asfalto de alcantarillas humeantes de "Taxi driver". Y al mismo tiempo, entre las historias cotidianas nos parece ver de pronto por el rabillo del ojo una silueta saltando de un edificio a otro, envuelto en una capa.

En la segunda mitad del libro (en realidad, la tercera, después de la reseña central del disco antológico de los Subtle Distinctions), Dylan reflexiona ya sobre su vida como crítico musical mujeriego, y el asunto se diluye un poco entre disgresiones semi-ensayísticas y discusiones de alcoba, y ahí es donde me he quedado, a falta de una horita de lectura. Sigue siendo una lectura extraordinaria, y es aquí cuando colisiona con "Alta fidelidad". Sigo entusiasmado y con muchas ganas de saber qué pasa con Rachel, con Aeromán, con Arthur Long, con Robert Woolfolk y con el triángulo verde flotante de la película abstracta artesanal de Abraham; pero es que mi interés hacia el mundo de los adultos es mucho más limitado, sobre todo después de tan delicioso viaje iniciático-postálgico (de postal; mi profunda nostalgia por las vidas pasadas de otros). Me he quedado atrapado con esta historia maravillosa, y me falta tiempo para completar la colección de lethems.

Biyernes, Setyembre 9, 2016

Spider-man de Todd McFarlane y Erik Larsen (...continuando con la lectura de TODO Spider-Man)


En este blog tan caótico, tengo una serie de obsesiones de "lector constante", posts en los que he querido dejar impresiones de varias series que voy leyendo; como no etiqueto las cosas, no lo parece. Pero en estos últimos meses en los que solo he reseñado aquí lecturas de libros, he seguido muy fuerte leyendo todo el material existente de Spiderman, cuestión que emprendí cronológicamente hace casi dos años.

- Lo contaba incialmente en este post. (1963-1972)
- Continué la apresurada y deslabazada reseña de la completa lectura al alcanzar las Secret Wars originales (1972-1986).
- Siguiente parada y siguiente rajada, con Atlantis Ataca (1986-1988).
- Luego cuando llegué a Inferno (1989)
- Ahora mismo en este post seguiré cubriendo la estridente etapa McFarlane-Larsen-Bagley, sobrepasado el nº 300 de la serie principal (1990-1992).

- También le hice hueco a la deliciosa marcianada Spidey Super Stories, colección que me chifla.
- En algún momento, aunque lo leo cronológicamente pasando de unas colecciones a otras (habré leído ya cerca de 800 tebeos, aunque en este momento vaya por el 357 de Amazing; esto es una locura), destaqué alguna etapa o número de Marvel Team-Up, o miniseries fuera de continuidad que me gustaron como Spider-Men o Astonishing Spider-Man & Wolverine, devoré el delicioso libro de Julianeme, se dejaba ver en otros apretones que me he dado de todo Capa y Puñal o los primeros años de Daredevil... En fin, que siempre muy a tope con Spiderman en mis ratos libres. Precisamente, anoche leía el especial 30º aniversario de Spectacular Spider-Man. Pero ahora voy con ello.

- Y paralelamente, he ido haciendo acuse de lectura "en tiempo real", de los nº 600 a 700 en 5 p o s t s, y ahora mismo estoy al día, recién comenzado el vol. 3 USA de Amazing, leídos también los primeros arcos de Spider-Gwen y Silk. Y como estoy medio loco, en estas semanas también me he leído, por primera vez, los 111 números de Ultimate Spider-Man de Brian Michael Bendis y Mark Bagley. A ver si saco tiempo de hablar de ello por aquí estos días, que me encanta hacer apología de mi amigo y vecino Spider-Man.

Esto es un caos, este es un blog de apuntes personales que, en serio, lo abrí solo para enfrentarme a mi horrible memoria (me sorprende y al mismo tiempo me hace ilusión cuando alguien me dice que se ha leído algo, o que incluso ¡se lo guarda para leer en el tablet! Yo también hago esas cosas con otros blogs, la verdad); pero mi lectura de Todo Spider-Man es una de las constantes.


En la lectura cronológica (hasta el 600), me había quedado en la deliciosa saga de Inferno, que en lo tocante a Spidey nos llevaba hasta el número 314 de la colección principal, Amazing Spider-Man, y nos adentrábamos lentamente en los años 90s. Los dichosos naughties, la década de la que tanta gente reniega, y que generalmente, en lo tocante a ese rinconcito de la cultura popular tan denostado como son los tebeos de superhéroes, se generaliza de forma abrumadora que fue una auténtica pesadilla. He tenido largas discusiones en torno a esto, porque todo aquel carrusel de novedades, superhéroes enfadados, fan-favourites, cambios al papel satinado y al coloreado digital, el nacimiento de la editorial Image que revolucionó el medio para siempre, etc., A mí me pilló con 12 tiernos añitos, no estoy de acuerdo con esa pataleta, y esa obsesión con mandarlo todo a la mierda. Pero es una historia muy larga, y se pueden colegir similares argumentos a favor y en contra en el mundo de la música o del cine. Yo ya leía muchos tebeos desde hacía tiempo, porque en mi casa siempre hubo y porque mi papá me compraba casi todas las semanas varios tebeos en el kiosko de enfrente de su trabajo en el turno de tarde (un día un Superlópez, otro día una novela ilustrada de Karl Malden, ora un Daredevil, o un Capitán América, un Superman, un Batman, un Spider-Man...), y le esperábamos despiertos hasta las diez o las once con los brazos abiertos. Pero en 1990 fue cuando mi hermano y yo nos independizamos del criterio de mi padre, y empezamos a encargarle colecciones concretas. Básicamente, optamos por novedades de aquel entonces. Aunque seguíamos encargando algunos números consecutivos o sueltos de Spider-Man y X-Men de 1989-1990, cosas que nos llamaban la atención en los checklists o se hablaban en el patio del cole, nos terminamos aferrando con mucha fuerza, sobre todo, a la nueva y flamante colección de Lobezno en solitario. Y poco tiempo después, debió ser durante el verano de 1991, yo me volví absolutamente fan de los New Warriors.


Pero en general, lo que pasó en Marvel, aparte de la progresiva saturación del mercado con miles de colecciones inverosímiles de superhéroes idiotas, y de las nuevas editoriales de superhéroes fluorescentes que crecían como setas, fue que llegaron unos jóvenes dibujantes espectaculares con un estilo refrescante y electrizante, que nos volvía locos a los adolescentes. Es un asunto muy conocido entre los aficionados: Rob Liefeld puso patas arriba los Nuevos Mutantes, llenándolo todo de dientes, armas gigantescas y malformaciones musculares (de ahí salió Masacre, alias Deadpool, que ahora es tan famoso); Jim Lee nos conmocionó a todos con sus pibones y sus mutantes perfectos y llenos de rallitas en La Patrulla-X, llevando la molicie un paso más allá de lo que ya estaban haciéndolo en ese momento Marc Silvestri o Arthur Adams; y en Spider-Man aterrizó Todd McFarlane, otro dibujante terriblemente espectacular. En cuestión de meses, a McFarlane le dieron su propia colección. Era la 4ª colección mensual de Spiderman en los kioskos de entonces, titulada simplemente Spider-Man. Él escribía, dibujaba, entintaba y hacía lo que le daba la gana. Su número 1 vendió, atención, 2 millones y medio de copias. Liefeld se empeñó en hacer lo mismo, y transformó a los Nuevos Mutantes en X-Force, con más rallitas, más músculos y más chorradas, alcanzando su nº 1 la cifra de 4 millones de copias. Finalmente, a Jim Lee también le dejaron explayarse con su propia cole, X-Men (la principal, la de siempre, era Uncanny X-Men, y ambas sobreviven a día de hoy, con varios cambios en la cabecera), cuyo número se dice que llegó a vender 8 millones, ostentando el premio Guinness.


Fue un fenómeno irrepetible. No solo por el volumen de publicaciones y el estallido en el fandom (yo mismo me empecé a comprar todo lo que salía), sino porque pronto se puso en evidencia que Marvel se guardaba para sí todos los beneficios, todos los personajes le pertenecían, y los autores le apretaron las tuercas tanto, que acabaron rompiendo relaciones, y fundando la editorial Image, donde McFarlane, Jim Lee, Rob Liefeld y otros artistas espectaculares que nos encantaban a los chavales, como Marc Silvestri, Whilce Portaccio o Erik Larsen, crearon su propio universo y abandonaron el barco. Desde entonces, creo que muchos adolescentes que leíamos los tebeítos sin importarnos un carajo quién los hacía ni si eran de Marvel o de DC, empezamos a verle los tres pies al gato al tema. Otra cosa que trajo todo este maremágnum de ventas, y que dura hasta nuestros días, fue la saturación de los kioskos con un mismo tebeo, pero diferentes portadas. Esto lo ha explotado Marvel hasta la saciedad, y en algún caso ha llegado a sacar hasta 100 portadas diferentes de un mismo tebeo a la vez. Un disparate. No sé por qué estoy contando esto, ni que fuese esto un artículo para el Tentaciones. El caso es que yo me zampé todo aquello. A comienzos de los 90 me enganché al Spider-Man de McFarlane, y luego a su Spawn de Image; me compré el X-Men de Jim Lee, y luego sus WildC.A.T.s; también piqué una temporada con X-Force y hasta con Youngblood, pero les odié pronto; me enamoré de Gen13 y Cyberforce, de los New Warriors, del Nuevo Universo Marvel y de Eclipse, fui un auténtico yonqui de Forum en aquellos años.


Conservo poquísimos de esos tebeos. Algo, pero muy poco, porque mi afición pasaba por leerlos y llevarlos a cambiar por otros a Hipercómic, al Rastro o a algunas tiendas de mi barrio donde cambiaban tebeos (sí, en los 90s todavía cambiaban tebeos además de novelas de Marcial Lafuente Estefanía hasta en tiendas de pipas). La cuestión es que en los últimos meses he vuelto a revivir aquellos tiempos, en lo tocante a Spider-Man, desde la perspectiva de un adulto. Y ha sido doloroso. Sabía que los dibujos de Liefeld eran malos, pura pantomima que no puede gustarle a nadie de más de 15 años, pero lo de McFarlane es hasta peor, y yo me he dado de bruces con ellos estos días. En realidad fue progresivo, y el desastre se contempla al llegar al nº 300 de Amazing, cuando Mc decide prescindir del Maestro Bob McLeod, y entintarse a sí mismo.


Es muy fácil criticar, y yo sigo valorando aquellos tebeos por lo revolucionarios y espectaculares que fueron, y por toda la felicidad que aportaron a mi yo adolescente; pero cuando uno sigue explorando en el medio con los años, y descubre posteriormente a Will Eisner, a Jack Davis, Hugo Pratt, Alan Davis o a quien sea, se queda con la sensación de haber adorado a ídolos de barro. Como fuere, McFarlane cambió a Spider-Man para siempre, eso es indudable. Hasta inmediatos predecesoras de Todd en Spider-Man, referentes tan clásicos y veteranos como Alex Saviuk o ¡Sal Buscema!, tuvieron que empezar a ponerle nuditos a las telarañas, y prestar más atención a las expresiones de los ojos en la máscara de Peter Parker. Eso es así. También los peinados de Mary Jane empezaron a flotar de otra manera, y Spider-Man se hizo contorsionista para siempre:


(viñeta de Alex Saviuk justo antes del mcfarlanazo)


(viñeta de Alex Saviuk justo después del mcfarlanazo)

Al margen de los dibujos, en Amazing Spider-Man siguió escribiendo incansablemente David Michelinie, un nombre que me aprendí de memoria de niño de tanto verlo (también le leí alguna saga histórica de Iron Man), y que yo consideraba el mejor guionista de superhéroes del mundo. Aún no había descubierto a Larry Hama ni a Claremont, que pronto me quitarían esa idea de la cabeza. Pero la verdad es que no se reivindica para nada a Michelinie, y siempre me pregunté quién sería realmente este tío. Pasará a la historia por haber introducido a Jim Rhodes y los problemas de alcoholismo en la vida Tony Stark, y en Amazing creó nada menos que a Veneno y a Matanza. Lo que pasa es que a mí estos dos personajes siempre me han importado un carajo, pero hay que reconocerle el mérito, que Veneno hay muchos lectores que le adoran, por encima de a Spiderman. Por lo demás, el pobre Michelinie ni siquiera creo que pase a la historia como uno de los 5 principales guionistas de Spiderman. Fue un escritor comedido, desde luego, y que en su etapa (1987-1994) apenas tocó absolutamente nada del concepto original, no arriesgó demasiado, ni trajo historias que nadie hubiéramos retenido en la memoria, de no ser por el pasmoso efecto McFarlane. Los tebeos de Michelinie son un eterno retorno de villanos clásicos y argumentos repes.

De hecho, igual que comentaba en alguna entrega anterior de estas anotaciones, el fenómeno McFarlane eclipsó todo, pero lo verdaderamente interesante estaba sucediendo en las cabeceras secundarias del personaje, Spectacular Spider-Man y Web of Spider-Man. Ya dije en la anterior reseña que "La última cacería de Kraven" no ha perdido nada de su fuerza, que mil años después sigue poniendo los pelos de punta. En los siguientes números de Spectacular que me he calzado, J. M. Dematteis se sigue mostrando como el guionista de Spidey más valiente y apasionante de los 90s, a la altura de lo que hizo Peter David en sus pequeñas historias costumbristas, pero llevándolo a sagas épicas y trascendentales, como la increíble "El niño que llevas dentro", con la impactante y expresionista labor del Maestro Sal Buscema. Por su parte, Alex Saviuk fue relegado a Web of, donde dibujó (con la extraña y notoria evolución mostrada arriba, ante el acoso del fandom obsesionado por McF) algunas historias muy decentes escritas por Terry Kavanagh o un joven Kurt Busiek pre-Marvels, aunque lo más interesante de esta etapa fue la frankmillerísima saga "El nombre de la Rosa", donde a un desatado Kingpin lo quiere matar hasta su hijo.

Y como decía, a McFarlane le acaban dando la 4ª colección regular de Spider-Man (y encima, Amazing pasaría a quincenal durante aquella época). Aquello se puede describir sencillamente como un ensayo para Spawn. Fueron 3 ó 4 historias seriadas, cada vez más densas, dramáticas y oscuras. Nada reseñable leídas ahora, aunque hay que reconocerle el mérito también al innovar en el narrador y en el afán introspectivo; aquello tenía poquísimas palabras, y bastante influencia de Twin Peaks. No recordaba la trama detectivesca con el Wendigo y Lobezno en los bosques del Yukón, esa me gustó.


A Mc le había sustituído en Amazing Erik Larsen, y pronto lo haría también en Spider-Man, porque Mc era muy lento y debía tener agujetas hasta en los sobacos de tanto firmar autógrafos, tanta gira mundial y tanto sexo con las fans. No pasó mucho tiempo en que le sustituyera Mark Bagley, pero aquellos tebeos de Larsen, tanto los escritos por Michelinie como en solitario, fueron y me siguen pareciendo una delicia, aventuras fresquísimas y dinámicas, un tono divertidísimo, unas composiciones de página antológicas, casi un retorno a los tiempos de Stan Lee. Ojalá Larsen se hubiese quedado en Spider-Man para siempre. Por la misma cuestión de la bola y la cadena que ataba a los artistas en Marvel y no les trataba como las estrellas que eran, Larsen se fue a Image hacer Savage Dragon en 1992, y no ha dejado de sacarlo mensualmente hasta hoy. Ostenta el récord del artista occidental que más tiempo ha estado en una misma serie. Ha demostrado ser un dibujante de cómics de verdad, un auténtico maestro, que se debe a sus fans y que rinde homenaje a los más grandes del tebeo de superhéroes, a Stan, a Jack, a Steve, casi en cada viñeta. Compré Savage Dragon cuando empezó en España, pero me rendí pronto. Una vez me dio por leer de una tacada más de 100 números, y es increíble la cantidad de pasión por su trabajo que hay ahí; pero sus guiones son demasiado flojos, destinados al lector adolescente, y terriblemente infantiles y estancados en la Edad de Oro. Pero sospecho que todos los fans de Spider-Man tenemos hecho a Larsen un hueco en el corazón, como ese artista espectacular pero al mismo tiempo comedido, moderno pero a la vez clásico, con sus estridencias y concesiones molonas a la "anatomía alternativa", pero que todo lo dibujaba bien y aportaba tanto sentido del humor y tanto cariño.

Y entonces, decía, llegó Mark Bagley. Apenas acabo de empezar a leer su etapa, que creo que fue bastante larga. Ya había dibujado a Spiderman antes en fill-ins de Atlantis Ataca, y sobre todo será recordado por su etapa récord en Ultimate Spider-Man (que como decía, me he chupado entera en estos meses también...), pero para mí Bagley fue el dibujante con el que casi me inicié conscientemente en los superhéroes, con los New Warriors que también mencionaba antes, y tiempo después con los Thunderbolts (1997), una serie que disfruté muchísimo ya como lector avanzado. Ya digo que estoy a tope con la Marvel de los 90s, claro que sí. Me queda por empollarme bien sus años en Amazing, si eso volveré alguna vez con ello, pero es encomiable cómo mantuvo el listón, y no quiso decepcionar a los que habían sido cegados por el ciclón McFarlane/Larsen (juraría que su característica Luna gigantesca, como si estuviese a cien metros de la Tierra, se lo copió a Larsen). Bagley representa el "Marvel way of life" de maravilla, es un dibujante correctísimo y moderado, en la línea de los Buscema o los Romita, y a mí me encanta. Algunos perfiles y algunas ancas le quedan raras, pero es su marca de la casa; como narrador me parece extraordinario, un auténtico funcionario del tebeo clásico al que tengo en un pedestal. Nadie mejor que él para recoger el testigo.


Pero la historia de Spiderman a través de los 90s está escrita a golpe de clones... Me temo que lo peor está por llegar...