Linggo, Nobyembre 27, 2016

"El disparador cósmico" (Robert Anton Wilson, 1977)


Esta semana que ahora agoniza la he pasado con las narices metidas todo el rato en "El gatillo cósmico", gracias a la traducción desinteresada del blog La Manazana Dorada, nutritivo punto de encuentro discordiano en español; terminé de leerlo el 23 de noviembre a las 8 de la mañana en el transiberiano hacia Carabanchel, justo en el instante en que se cumplía el 41º aniversario de su publicación y se moría Rita Barberá. Hermosa sincronía jungiana. Ahondando en las enseñanzas de "Principa discordia" e "Illuminatus!", RAW desentraña en esta especie de memorias personales forteanas su progresiva introspección personal en el mundo de la sospecha hacia cuanto nos rodea, y de la catarsis interpretativa que le supuso descubrir cómo funciona el mundo, cómo nada es lo que parece y cómo la realidad no existe sino que la inventamos sobre la marcha. Un breviario de ideas, observaciones, lecturas y encuentros, dedicado a la figura de su amigo Timothy Leary y a los preceptos de Crowley, Gurdjieff, Jung, Buckminster Fuller y otras grandes mentes preclaras del siglo XX. Ahora veo a través de mi mano.

Miyerkules, Nobyembre 16, 2016

Puppets & Clay: Stop-motion fanzine #05 (2016)


El 3º post que escribí en la historia de este blog, hace ¡¿seis años y medio ya?!, fue sobre el primer fanzine de Puppets & Clay, la primera entrega en papel xeroxizado y grapado, lanzado en paralelo al blog Puppets & Clay. Hace casi siete años, pues, yo ya leía el estupendo blog de Adrián Encinas, que con el tiempo se ha convertido en uno de los sitios de referencia en torno a la animación stop-motion a nivel mundial. Leí en su blog que Adrián lanzaba un fanzine, tan cutre, barato y retro como los míos, y rapidamente le hice un pedido. La ilusión que me hizo que alguien volviera a editar fanzinitos fotocopiados, con el mismo espíritu original de revista hecha por un fan, sobre un tema del que se trata poco en los grandes medios, como un auténtico boletín de un club de fans... fue tal que (junto con otros fanzines similares que pillé por aquel entonces) me animó a abrir, de hecho, este blog, en el que reseñar este material poco conocido. Con el paso del tiempo, cada vez fui hablando más con Adrián, de vez en cuando le envío enlaces a cortos de stop-motion (es lo que tiene ser de verdad un referente en la divulgación: que ves una pieza en YouTube sobre el asunto, y enseguida piensas en él), y llegamos a conocernos en persona. A finales de aquel mismo año, Adrián sacó un segundo número de P&C, y de paso reeditó el primer número, ya en formato siglo XXI, con papel satinado, a sangre, en imprenta, y esas fascinantes portadas llenas de monstruos y personajes que le hace Dani Moreno. En alguna ocasión vendimos nuestros fanzines juntos en alguna feria. El blog de Adrián y su página de Facebook han ido creciendo de una manera monstruosa, él participa en charlas y todo tipo de eventos, y no para de aportar piezas al puzzle de la stop-motion, como su reciente libro "¡Bien hecho, Gromit!", primera hagiografía del estudio Aardman que está dando la vuelta al mundo, o las proyecciones que va a organizar a final de este mismo mes en el Círculo de Bellas Artes. En este tiempo, Adrián también ha sido papá. Es el Forrey Ackerman del stop-motion mundial. Su labor de divulgación es incansable, meticulosa e imprescindible, porque esto le apasiona de verdad, es su vida y lo sería igual aunque nadie le leyera o no le hubiera dado por dejar que el público mirara lo que evoca sus fantasías.

Y su fanzine ha seguido saliendo de vez en cuando, con el mismo formato precioso y electrizantemente atractivo y un montón de contenidos diferentes. El último número, el 5, salió hace casi un año, y ya es hora de que se ponga con el nuevo o le mato. Pero el caso es que lo tenía pendiente de reseñar desde entonces, porque me gustó especialmente. Si todo lo que huela a animación foto a foto me encanta, en este caso el tema central de su revista estuvo dedicado a los brick films; es decir, a las peliculitas en miniatura rodadas en stop-motion con ladrillitos y minifigs de LEGO. El artículo es completísimo y muy hermoso, y nos habla de un montón de pelis hechas por fans de LEGO, además de entrevistar a algunas minifiguras del gremio como Pablo Llorens, que se ha reciclado en artesano de maravillosos videos de YouTube para críos como Plastilego o Lego, clay and fun! El fanzine se completa con pin-ups, tebeítos y hasta una fotonovela del propio Llorens; algunos artículos más academicistas sobre el gremio, otros más pop como el de monstruos clásicos en la stop-mo (hay que acordarse de Harryhausen todo el rato, claro que sí) o la peli de Tintín del 47, noticias breves, reseñas, videoclips... Una maravilla. Si el mundo fuese justo, Puppets & clay sería una revista mensual de kiosko, y no existiría AR.

Lunes, Nobyembre 14, 2016

Bicefalia Pop (Libritos Jenkins, 2016)


La semana pasada añadí un nuevo lanzamiento a mi propia colección de fanzines publicados conjuntamente como Libritos Jenkins. Se trata de un ensayo probablemente único en el mundo, que repasa cientos de apariciones del mitológico monstruo de dos cabezas en el cine, la televisión, la literatura o el cómic.


Todo surge, como cuento dentro, de una obsesión personal con los individuos bicéfalos, horrible e incorrecto eufemismo que define a dos hermanos siameses unidos desgraciadamente durante la gestación, nacidos dicephalus dibrachius cuando comparten un único tronco, o dicephalus tetrabrachius o siameses isquiópagos cuando su fusión parte de la cadera, contando con cuatro brazos pero un solo par de piernas; y teniendo en cuenta también a los siameses independientes pero unidos por la cadera, la espalda o la cabeza. Esta fascinación por la imponente figura del ser múltiple y aparentemente de cabezas supernumerarias, me llevó hace mucho tiempo a coleccionar menciones y avistamientos en todo tipo de productos en la cultura popular (y también a acumular montones de figuritas de pvc de monstruos y personajes policéfalos), y finalmente hace unas semanas me animó a escribir mi propio ensayo en torno a esta figura, consciente de la injusticia de que haya tantos libros en torno a zombis, vampiros, hombres-lobo, acondroplásicos, hipertricóticos, locos, asesinos o bestias de todo tipo en la cultura popular, pero que nadie se fijara en lo especial de este humanoide múltiple. Con la de connotaciones religiosas y morales que encarna en un solo ente antagónico, con lo interesante que resulta su origen mitológico, teratológico y cultural.


Encontramos criaturas bicéfalas o policéfalas en la Biblia, en la mitología griega o amerindia, en jeroglíficos egipcios ancestrales, leyendas artúricas, narraciones vikingas, restos arqueológicos de todo tipo de civilizaciones de la Antigüedad... Sin embargo, en la cultura popular este mito no ha sido tan explotado como el vampiro o el zombi, y siempre me intrigó saber por qué. Desde luego, creo que no es debido a que las defomaciones extremas sean un grave problema médico o teratológico, eso nunca ha sido impedimento para los autores. Y de hecho, husmeando un poco, he conseguido "cazar" un buen montón de ejemplares para hacerles figurar en este bestiario. Pero sin duda, la criatura de dos cabezas ha quedado relegada a un rincón marginal del audiovisual. No existe la Gran Película, el gran personaje inconfundible y con nombre propio que abandere esta tipología concreta, sin contar al Monstruo de Dos Cabezas de Barrio Sésamo. Tal vez si la Universal hubiese escogido a un dicéfalo en lugar de a un jorobado como ayudante del Dr. Frankenstein, o si Disney hubiese explotado a los gigantes y los dragones de dos cabezas en su etapa clásica, la historia hubiese sido diferente; pero el siglo XX apenas nos dejó 4 grandes películas, de diferentes géneros, centradas principalmente en esta figura como protagonista total. Es cuando miramos hacia el plantel de secundarios y tipificamos el desfile de extraterrestres, monstruitos de dibujos animados o bestias del peplum cuando comenzaremos a ampliar la alineación de manera exponencial.


"Bicefalia Pop" pretende ser un primer acercamiento al fenómeno, a la dualidad interior que subyace en todo monstruo, encarnada en esta ocasión en un mismo cuerpo. Creo que nadie ha hecho algo así antes, ni bien ni mal ni regular como yo. La ausencia de bibliografía es lo que me animó definitivamente, como me pasa con los otros fanzines. Fantaseaba en un principio con hacer un ensayo complejo y exhaustivo al estilo de lo que hace David J. Skal con el mito del chupasangres, pero las aspiraciones se fueron reduciendo a un repaso a los avistamientos más importantes. En el fanzine hablo de monstruos mitológicos, de heráldica y vexilología, de teratología, de los experimentos con perros de Vladimir Demikhov y de esas ferias de freaks del siglo XIX que hicieron famosos a los siameses Eng y Chang, los gemelos Tocci, las hermanas Daisy y Violet Hilton o la increíble historia de Edward Mordrake; y no me olvido de casos tan increíbles como las hermanas contemporáneas Abby y Brittany Hensel. Pero sobre todo es una búsqueda de apariciones de la criatura bicéfala en la cultura pop: marcianitos, pokémon, cromos de monstruos, muñecos de felpa, animales mutantes, simpáticos dibujos animados de risa, canciones, historias de terror gótico en tebeos pre-code... Ese es el grueso de la obra. Una búsqueda de criaturas redactada con pasión entomológica, ordenada y adornada con tebeos, cromos y pantallazos de todo tipo.


El fruto de esa obsesión, de ese homenaje a mi propio coleccionismo de plástico, es "Bicefalia Pop". Un fanzine creo que entretenido y repleto de referencias y curiosidades, de lectura ligera. 84 páginas en blanco y negro (portada y contra a todo color), en el mismo formato cutre, trasnochado y absolutamente superado, en el que lo que prima es el contenido. Un nuevo miembro de la creciente familia de Libritos Jenkins, que pongo en casa de cualquier interesado previo desembolso de 6€, gastos de envío incluidos, escribiendo a:
frunobulax04@gmail.com
 
 

Los chicos que coleccionaban tebeos / Batman: Serenata nocturna / Superman: La creación de un superhombre


Sin duda, corren maravillosos tiempos para la lírica en torno a los señores con poderes en pijama, y sobre todo para las historias de quienes les crearon, y hasta quienes les leyeron. Yo mismo me lo paso pipa en este blog escribiendo sobre mi propia relación con los tebeos de superhéroes, o contando cuánto me excita enfrentar tochos de mitología sobre todos esos señores judíos arquitectos de universos de fantasía (por ejemplo estos). Las novelas que fantasean sobre la vida de aquellos mentores, como "Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay" o "La fortaleza de la soledad" están entre mis obras de ficción favoritas. Y no hay personaje o autor que no tenga sus buenas resmas de papel en formato noble. Estos días he vuelto a poner en la mesita de noche varios palmos de ensayismo pop. Estos tres los he devorado en muy poco tiempo, en las últimas semanas.

"Los chicos que coleccionaban tebeos" (Julián M. Clemente, Helio Mira) es una novela cuyos protagonistas somos nosotros, los freaks que crecimos en los ochenta, y es imposible no sentir escalofríos en muchos de los episodios que se narran, rememorando todo aquello que hicimos que nos ha traído hasta aquí. Principalmente, es un hermoso homenaje al trabajo en la sombra (o con disfraz) de los profesionales detrás de Fórum y Zinco, aunque no se deja practicamente nada por relatar de cuanto llegó a los kioskos y las pantallas en esa década. La novela hace equilibrio entre las memorias nostálgicas de un loser de extrarradio, y el reportaje de publicación del material americano en España, repasando cada fenómeno cultural desde el punto de vista de unos chavales que se lo compraban todo, lo comentaban todo mes tras mes, y redescubrían el material previo en las cochambrosas ediciones de Surco, Bruguera, etc. A través de esos personajes, los autores hacen recuento de lo que iba llegando al kiosko, vertiendo las firmes opiniones que nos venían a la cabeza a todos entonces. La prosa es tan diáfana, almibarada y carente de todo adorno como el propio título, y el tono y la abundancia de frases hechas compite con los libros de Barco de vapor, pero aún así la lectura es adictiva y necesaria para toda una generación de acumuladores de tebeos como nosotros.

David Hernando es uno de los nombres habituales en los artículos de información de las ediciones de Planeta y ECC, y de hecho fue editor de Batman y Superman para Planeta a comienzos de este siglo. Uno de los relevos de esos Dr. Átomos o Prof. Loki a los que rendía pleitesía la novela de antes, en la actual edición española de DC (más o menos, lo que el propio Julián Eme hace hoy con Marvel en España). Hernando publica además incansablemente ensayos sobre el mundo del cómic, entre ellos estas dos joyas que narran la intrahistoria de Batman y Superman, que poco tienen que envidiar a las Historias Jamás Contadas de Marvel o Spier-Man. "Batman: Serenata nocturna" tiene por objetivo, principalmente, dar luz a la oscura verdad que se esconde detrás de la firma de Bob Kane. De un tiempo a esta parte, el secreto a voces de que Kane no fue el creador en solitario de Batman, sino que fue ayudado en gran medida por Bill Finger, se ha ido abriendo paso y poniendo en evidencia que no solo eso, sino que Kane apenas sabía hacer la Batcueva con un canuto, y que probablemente no llegaría a dibujar más de cinco o seis tebeos en su vida, pese a que los firmara todos durante décadas y figurara como creador absoluto del personaje. Mostrado como un auténtico tirano, que tenía a medio DC chantajeado, pisoteando a todo el que fuese, manejando la información con la frialdad de un abogado del Sr. Burns y contando siempre con negros en la sombra, la carrera de Kane queda reducida a una chirigota, y el personaje emparentado con el propio Bane. El libro está deliciosamente documentado, y nos lleva de la mano a través de seis o siete décadas de curiosidades alrededor de la publicación de los tebeos de Batman, y no se olvida de todos los vericuetos sobre las series, películas o seriales radiofónicos. Un ensayo imprescindible. En la misma línea, "Superman: La creación de un superhombre" es una gran hagiografía del héroe más grande del mundo, desde que los abuelos de Joe Shuster y Jerry Siegel pisan Manhattan hasta hoy mismo, igualmente repasando cada saga, cada autor, cada hito, cada peli, cada serie y cada campaña. Otro tratado fabuloso y nutritivo para lectores como yo, que solo nos hemos acercado a unos pocos retapados de la época de John Byrne.

Huwebes, Oktubre 20, 2016

Principia Discordia (Robert Anton Wilson, 1963)


Ayer iba en el autobús, en uno de mis largos periplos alrededor del mundo en la EMT, y a mi lado iba un infraser leyendo el Marca, y no pude evitar leer de refilón un titular en el que decía que la Liga BBVA está más igualada que nunca. Lo primero, que me parto. Lo segundo, que caí en la cuenta de que por fin, por fin, he logrado mi objetivo de permanecer totalmente ajeno al mundo del fútbol. Progresivamente, a lo largo de los años, me he ido desentendiendo por completo. Nunca me ha interesado demasiado, siempre ha sido más poderoso mi odio a las grandes empresas deportivas y mi incapacidad para sentirme identificado con ninguna bandera que mi pasión por este deporte, aunque hace unos pocos años hasta iba de vez en cuando (gratis, vive Dios) al Calderón con un ex-amigo forofo, y miraba a veces la quiniela. Pero en los últimos años, incluidos mundiales y hostias, creo que no he visto ni dos partidos enteros. Pero es que de un tiempo a esta parte, considero que para ser aficionado al fútbol televisado, y perdón por la generalización, creo que hay que ser medio imbécil. Roncero, Pedrerol y demás gentuza han conseguido que la información deportiva solo le interesa a los niños y a los bakalas. Me he bajado de ese carro por completo, con mucho orgullo. Y ayer me acordaba de esto. Yo iba en el Metro hacia ninguna parte leyendo en el Kindle, que he heredado un Kindle de segunda mano y estoy tan contento, por fin voy a poder leer dignamente un montón de cosas que acumulaba en el disco duro, años y años de acumulación de epubs y archivos extraños. Mi viejo tablet creo que ha petado, y al ser una maravillosa pantalla en colores chillones ideal para mis constantes lecturas de tebeos (que ahora creo que van a ser postergadas a noches ociosas junto al portátil, que también he medio jubilado ahora que tengo un sobremesa como de la NASA), me daba pereza leer en negro sobre blanco. El Kindle es perfecto. Y tengo mucha lectura ignominiosa pendiente.

Por ejemplo, a RAW es prácticamente imposible leerle en castellano fuera de una pantalla. Gracias al blog discordiano de La Manzana Dorada, que es una cosa increíble que siga existiendo, hace mucho que recopilé todos los evangelios de RAW, y tengo por ejemplo la lectura de la "Trilogía Illuminatus" a la mitad más o menos, pero ahora empezaré de nuevo. De momento, en un par de días me he ventilado la Biblia discordiana. Ya era converso hace tiempo, y ser discordiano es ideoal cuando menos para iniciar largas conversaciones. Pero solo había llegado a leer el prefacio. En realidad, el resto de la obra me decepcionó bastante, es un catálogo de corta-y-pegas muy simpático y un extraordinario panfleto hijo de la Contracultura, pero ahora puedo constatar que lo mejor es el prefacio, que leí esta semana por tercera vez y me afianzó la Fe.


Como paso más tiempo en el Metro ultimamente que un jodido troll, también me ha dado tiempo a leer el "Manifiesto de Unabomber", de Theodore Kaczynski o "Murder Inc." de Jack The Rippa, que valiente tostón ambos, "Steal this book!" de Abbie Hoffman (por encima) un cuento de Alan Moore, algunas estupideces conspiranoicas y otros panfletos así que tenía acumulados por el cacharro, entre ellos un par de novelas biográficos de un vagabundo que me encontré por la calle un día, que es en lo que estoy ahora, y que ya contaré en otra entrada en breve, porque es una cosa fascinante y una historia bien bonita, que probablemente solo he leído yo y que me estoy planteando editar yo mismo en Libritos Jenkins. Pero ya lo cuento si eso en otra entrada. Esta mañana me he despertado fuerte, curiosamente, insuflado de una energía que no sé de dónde ha venido, y tengo un plan para las próximas jornadas. Estoy escuchando atentamente "Another green world" de Brian Eno, igual que el personaje de Jonathan Lethem en la última página de "La fortaleza de la soledad", y le voy a dar varias oportunidades, porque nunca me han interesado demasiado estas cosas, pero ahí siguen Eno, Fripp y el propio John Cage metiéndose en mi cabeza toda la mañana, entre recados y planes mentales. También estoy haciendo mi propio "countdown to Halloween" como un adolescente de Kentucky, viendo más o menos una peli de género cada día (incluidas las 4 de la Monstrua o el porrón que estoy viendo para un fanzine que progresa adecuadamente, que si no de qué iba a llevar este ritmo), y alguna cosa me ha gustado bastante, también quiero dejar constancia aquí, pero ahora me tengo que ir. Todo el rato me estoy yendo...

Martes, Oktubre 4, 2016

Primer Aniversario de REUNIÓN DE MAJORETTES


Mi programa de radio musical, REUNIÓN DE MAJORETTES, acaba de cumplir un año. Hacerlo es mi pasatiempo favorito, y estoy muy contento con cómo van las cosas. La gente, comprensiblemente, apenas escucha podcasts de música, y todos los podcasts de música que cotilleo en Ivoox, incluidos los programas famosos de la radio nacional, tienen menos visitas que el mío. Las escuchas totales rondan las 25.000. Recibo poquísimos comentarios, pero siempre muy positivos, y me consta que tiene seguidores muy fieles, lo cual me hace mucha ilusión. Hoy he hecho este póster recopilatorio de los 41 programas de la primera temporada.

Aquí están archivados todos los programas.

Este es el blog del programa.

Y aquí el Facebook.

Linggo, Oktubre 2, 2016

"La fortaleza de la soledad" (Jonathan Lethem, 2003)


Estoy terminando de leer una de las novelas más bonitas con las que me he cruzado en mucho tiempo. Conste que me la encontré de segunda mano en la tienda de papel al peso del mercado de San Fernando el otro día, que me leí las primeras doscientas páginas de una sentada, y conste que aún no la he terminado, me queda un pellizco, probablemente mañana en la expedición en la EMT la ventile. Pero llevo un par de semanas loco por recomendarla a voces a quien se encuentre con este texto, si eso sucede alguna vez, o como mínimo rememorarla, relamerme.

Lethem me sonaba ligeramente, uno de esos nuevos pesos pesados que pujan por pasar a la historia entre la generación de babyboomers que copan el mercado de la Nueva Ficción Americana. También me sonaba que había escrito algún tebeo para la Marvel transmedia de Quesada. Lo pillé, básicamente, porque rara vez me han decepcionado las novelas naranja butano de la colección 21. Una vez en faena, mi cauta curiosidad se fue transformando progresivamente en asombro, en placer, en regocijo absoluto. Lethem se ha colocado muy cerca de Michael Chabon, Nick Hornby o Douglas Coupland en mi colección de motivos de culto contemporáneo personal. Y por ahí van los tiros: "La fortaleza de la soledad" es una obra maestra que sintoniza de maravilla, y le hace sombra (también en volumen), a "Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay". Una epopeya deliciosa, extraordinaria, escrita por un fan para todo el fandom entusiasta de la cultura pop norteamericana. Uno de esos libros que los abres y te golpea en la cara una brisa de sana e inteligente melancolía que te abraza y te transporta a ese lugar feliz, ese estado mental en el que nos envolvemos los aficionados a los viejos tebeos de superhéroes, las novelas baratas de bolsillo, la entrañable ciencia-ficción de los cincuenta, los discos de vinilo crujiente, los templos de la Cultura: nuestra propia fortaleza de la soledad.

La Fortaleza de la Soledad es el lugar en el que Supermán se escondía de vez en cuando, para reflexionar y descansar de su constante actividad física y mental como guardaespaldas del planeta Tierra. En la novela, en principio, es la habitación donde pasa casi todo el tiempo el padre del protagonista, ilustrador de portadas de novelas pulp y orfebre de la animación artesanal (con pincelito sobre rollo de filmina). Dicho protagonista se llama Dylan (como Bob), y es un chico blanco creciendo en un barrio negro de Brooklyn a comienzos de los años 70. Su mejor amigo es un chico negro, llamado Mingus (como Charles) que tiene mucho flow y no para de meterse en líos. A lo largo de la novela vamos a asistir a toda la adolescencia del chico, desde el momento en que su madre le abandona y se transforma en una tortuga hippie viajera que le envía poemas como si fuese su tío Matt; le veremos crecer en el gueto, asistiremos a docenas de encuentros con níguers que le achantan el dinero de los tebeos, su iniación en la supervivencia urbana, en el mundo de la literatura pop, el de la droga, el del grafiti, el de la decepción y la misantropía, el de las tiendas de discos y el de las niñas.

El narrador salta de la tercera a la segunda persona en la primera parte con mucho salero, dirigiéndose a veces a Dylan y a la vez a nosotros; y la segunda mitad de la historia está escrita en primera persona, confirmando definitivamente la autobiografía ficcionada. La prosa de Lethem es tremendamente amena, florida y hermosa. E instructiva, plagada de referencias: al tiempo que vemos evolucionar a Dylan, Mingus y sus amigos, presenciamos dos décadas y pico de historia norteamericana. Es una novela sobre crecimiento personal de niño a hombre, de la school al high school y de ahí a la universidad y la vida laboral; pero también es un viaje del soul al disco, del jazz al hip-hop, de Kirby a Romita Jr., de Pat Ewing a Shaquille O'Neal, de lo beatnik a lo hipster, de la Nueva York salvaje de Lumet o Scorsese a la ciudad gentrificada y domesticada post-Giuliani. Desde la llegada del hombre a la Luna hasta su regreso a la Tierra de un tortazo.

La novela entrecruza ficción y realidad a varios niveles. Encontramos ecos de la biografía de Marvin Gaye en el padre de Mingus, y de Ray Bradbury en el de Dylan. Visitamos remedos del Studio 54, el CBGB's, las calles de Sedgwick donde nació el hip-hop, el metro de "Pelham 1, 2, 3", el asfalto de alcantarillas humeantes de "Taxi driver". Y al mismo tiempo, entre las historias cotidianas nos parece ver de pronto por el rabillo del ojo una silueta saltando de un edificio a otro, envuelto en una capa.

En la segunda mitad del libro (en realidad, la tercera, después de la reseña central del disco antológico de los Subtle Distinctions), Dylan reflexiona ya sobre su vida como crítico musical mujeriego, y el asunto se diluye un poco entre disgresiones semi-ensayísticas y discusiones de alcoba, y ahí es donde me he quedado, a falta de una horita de lectura. Sigue siendo una lectura extraordinaria, y es aquí cuando colisiona con "Alta fidelidad". Sigo entusiasmado y con muchas ganas de saber qué pasa con Rachel, con Aeromán, con Arthur Long, con Robert Woolfolk y con el triángulo verde flotante de la película abstracta artesanal de Abraham; pero es que mi interés hacia el mundo de los adultos es mucho más limitado, sobre todo después de tan delicioso viaje iniciático-postálgico (de postal; mi profunda nostalgia por las vidas pasadas de otros). Me he quedado atrapado con esta historia maravillosa, y me falta tiempo para completar la colección de lethems.

Biyernes, Setyembre 9, 2016

Spider-man de Todd McFarlane y Erik Larsen (...continuando con la lectura de TODO Spider-Man)


En este blog tan caótico, tengo una serie de obsesiones de "lector constante", posts en los que he querido dejar impresiones de varias series que voy leyendo; como no etiqueto las cosas, no lo parece. Pero en estos últimos meses en los que solo he reseñado aquí lecturas de libros, he seguido muy fuerte leyendo todo el material existente de Spiderman, cuestión que emprendí cronológicamente hace casi dos años.

- Lo contaba incialmente en este post. (1963-1972)
- Continué la apresurada y deslabazada reseña de la completa lectura al alcanzar las Secret Wars originales (1972-1986).
- Siguiente parada y siguiente rajada, con Atlantis Ataca (1986-1988).
- Luego cuando llegué a Inferno (1989)
- Ahora mismo en este post seguiré cubriendo la estridente etapa McFarlane-Larsen-Bagley, sobrepasado el nº 300 de la serie principal (1990-1992).

- También le hice hueco a la deliciosa marcianada Spidey Super Stories, colección que me chifla.
- En algún momento, aunque lo leo cronológicamente pasando de unas colecciones a otras (habré leído ya cerca de 800 tebeos, aunque en este momento vaya por el 357 de Amazing; esto es una locura), destaqué alguna etapa o número de Marvel Team-Up, o miniseries fuera de continuidad que me gustaron como Spider-Men o Astonishing Spider-Man & Wolverine, devoré el delicioso libro de Julianeme, se dejaba ver en otros apretones que me he dado de todo Capa y Puñal o los primeros años de Daredevil... En fin, que siempre muy a tope con Spiderman en mis ratos libres. Precisamente, anoche leía el especial 30º aniversario de Spectacular Spider-Man. Pero ahora voy con ello.

- Y paralelamente, he ido haciendo acuse de lectura "en tiempo real", de los nº 600 a 700 en 5 p o s t s, y ahora mismo estoy al día, recién comenzado el vol. 3 USA de Amazing, leídos también los primeros arcos de Spider-Gwen y Silk. Y como estoy medio loco, en estas semanas también me he leído, por primera vez, los 111 números de Ultimate Spider-Man de Brian Michael Bendis y Mark Bagley. A ver si saco tiempo de hablar de ello por aquí estos días, que me encanta hacer apología de mi amigo y vecino Spider-Man.

Esto es un caos, este es un blog de apuntes personales que, en serio, lo abrí solo para enfrentarme a mi horrible memoria (me sorprende y al mismo tiempo me hace ilusión cuando alguien me dice que se ha leído algo, o que incluso ¡se lo guarda para leer en el tablet! Yo también hago esas cosas con otros blogs, la verdad); pero mi lectura de Todo Spider-Man es una de las constantes.


En la lectura cronológica (hasta el 600), me había quedado en la deliciosa saga de Inferno, que en lo tocante a Spidey nos llevaba hasta el número 314 de la colección principal, Amazing Spider-Man, y nos adentrábamos lentamente en los años 90s. Los dichosos naughties, la década de la que tanta gente reniega, y que generalmente, en lo tocante a ese rinconcito de la cultura popular tan denostado como son los tebeos de superhéroes, se generaliza de forma abrumadora que fue una auténtica pesadilla. He tenido largas discusiones en torno a esto, porque todo aquel carrusel de novedades, superhéroes enfadados, fan-favourites, cambios al papel satinado y al coloreado digital, el nacimiento de la editorial Image que revolucionó el medio para siempre, etc., A mí me pilló con 12 tiernos añitos, no estoy de acuerdo con esa pataleta, y esa obsesión con mandarlo todo a la mierda. Pero es una historia muy larga, y se pueden colegir similares argumentos a favor y en contra en el mundo de la música o del cine. Yo ya leía muchos tebeos desde hacía tiempo, porque en mi casa siempre hubo y porque mi papá me compraba casi todas las semanas varios tebeos en el kiosko de enfrente de su trabajo en el turno de tarde (un día un Superlópez, otro día una novela ilustrada de Karl Malden, ora un Daredevil, o un Capitán América, un Superman, un Batman, un Spider-Man...), y le esperábamos despiertos hasta las diez o las once con los brazos abiertos. Pero en 1990 fue cuando mi hermano y yo nos independizamos del criterio de mi padre, y empezamos a encargarle colecciones concretas. Básicamente, optamos por novedades de aquel entonces. Aunque seguíamos encargando algunos números consecutivos o sueltos de Spider-Man y X-Men de 1989-1990, cosas que nos llamaban la atención en los checklists o se hablaban en el patio del cole, nos terminamos aferrando con mucha fuerza, sobre todo, a la nueva y flamante colección de Lobezno en solitario. Y poco tiempo después, debió ser durante el verano de 1991, yo me volví absolutamente fan de los New Warriors.


Pero en general, lo que pasó en Marvel, aparte de la progresiva saturación del mercado con miles de colecciones inverosímiles de superhéroes idiotas, y de las nuevas editoriales de superhéroes fluorescentes que crecían como setas, fue que llegaron unos jóvenes dibujantes espectaculares con un estilo refrescante y electrizante, que nos volvía locos a los adolescentes. Es un asunto muy conocido entre los aficionados: Rob Liefeld puso patas arriba los Nuevos Mutantes, llenándolo todo de dientes, armas gigantescas y malformaciones musculares (de ahí salió Masacre, alias Deadpool, que ahora es tan famoso); Jim Lee nos conmocionó a todos con sus pibones y sus mutantes perfectos y llenos de rallitas en La Patrulla-X, llevando la molicie un paso más allá de lo que ya estaban haciéndolo en ese momento Marc Silvestri o Arthur Adams; y en Spider-Man aterrizó Todd McFarlane, otro dibujante terriblemente espectacular. En cuestión de meses, a McFarlane le dieron su propia colección. Era la 4ª colección mensual de Spiderman en los kioskos de entonces, titulada simplemente Spider-Man. Él escribía, dibujaba, entintaba y hacía lo que le daba la gana. Su número 1 vendió, atención, 2 millones y medio de copias. Liefeld se empeñó en hacer lo mismo, y transformó a los Nuevos Mutantes en X-Force, con más rallitas, más músculos y más chorradas, alcanzando su nº 1 la cifra de 4 millones de copias. Finalmente, a Jim Lee también le dejaron explayarse con su propia cole, X-Men (la principal, la de siempre, era Uncanny X-Men, y ambas sobreviven a día de hoy, con varios cambios en la cabecera), cuyo número se dice que llegó a vender 8 millones, ostentando el premio Guinness.


Fue un fenómeno irrepetible. No solo por el volumen de publicaciones y el estallido en el fandom (yo mismo me empecé a comprar todo lo que salía), sino porque pronto se puso en evidencia que Marvel se guardaba para sí todos los beneficios, todos los personajes le pertenecían, y los autores le apretaron las tuercas tanto, que acabaron rompiendo relaciones, y fundando la editorial Image, donde McFarlane, Jim Lee, Rob Liefeld y otros artistas espectaculares que nos encantaban a los chavales, como Marc Silvestri, Whilce Portaccio o Erik Larsen, crearon su propio universo y abandonaron el barco. Desde entonces, creo que muchos adolescentes que leíamos los tebeítos sin importarnos un carajo quién los hacía ni si eran de Marvel o de DC, empezamos a verle los tres pies al gato al tema. Otra cosa que trajo todo este maremágnum de ventas, y que dura hasta nuestros días, fue la saturación de los kioskos con un mismo tebeo, pero diferentes portadas. Esto lo ha explotado Marvel hasta la saciedad, y en algún caso ha llegado a sacar hasta 100 portadas diferentes de un mismo tebeo a la vez. Un disparate. No sé por qué estoy contando esto, ni que fuese esto un artículo para el Tentaciones. El caso es que yo me zampé todo aquello. A comienzos de los 90 me enganché al Spider-Man de McFarlane, y luego a su Spawn de Image; me compré el X-Men de Jim Lee, y luego sus WildC.A.T.s; también piqué una temporada con X-Force y hasta con Youngblood, pero les odié pronto; me enamoré de Gen13 y Cyberforce, de los New Warriors, del Nuevo Universo Marvel y de Eclipse, fui un auténtico yonqui de Forum en aquellos años.


Conservo poquísimos de esos tebeos. Algo, pero muy poco, porque mi afición pasaba por leerlos y llevarlos a cambiar por otros a Hipercómic, al Rastro o a algunas tiendas de mi barrio donde cambiaban tebeos (sí, en los 90s todavía cambiaban tebeos además de novelas de Marcial Lafuente Estefanía hasta en tiendas de pipas). La cuestión es que en los últimos meses he vuelto a revivir aquellos tiempos, en lo tocante a Spider-Man, desde la perspectiva de un adulto. Y ha sido doloroso. Sabía que los dibujos de Liefeld eran malos, pura pantomima que no puede gustarle a nadie de más de 15 años, pero lo de McFarlane es hasta peor, y yo me he dado de bruces con ellos estos días. En realidad fue progresivo, y el desastre se contempla al llegar al nº 300 de Amazing, cuando Mc decide prescindir del Maestro Bob McLeod, y entintarse a sí mismo.


Es muy fácil criticar, y yo sigo valorando aquellos tebeos por lo revolucionarios y espectaculares que fueron, y por toda la felicidad que aportaron a mi yo adolescente; pero cuando uno sigue explorando en el medio con los años, y descubre posteriormente a Will Eisner, a Jack Davis, Hugo Pratt, Alan Davis o a quien sea, se queda con la sensación de haber adorado a ídolos de barro. Como fuere, McFarlane cambió a Spider-Man para siempre, eso es indudable. Hasta inmediatos predecesoras de Todd en Spider-Man, referentes tan clásicos y veteranos como Alex Saviuk o ¡Sal Buscema!, tuvieron que empezar a ponerle nuditos a las telarañas, y prestar más atención a las expresiones de los ojos en la máscara de Peter Parker. Eso es así. También los peinados de Mary Jane empezaron a flotar de otra manera, y Spider-Man se hizo contorsionista para siempre:


(viñeta de Alex Saviuk justo antes del mcfarlanazo)


(viñeta de Alex Saviuk justo después del mcfarlanazo)

Al margen de los dibujos, en Amazing Spider-Man siguió escribiendo incansablemente David Michelinie, un nombre que me aprendí de memoria de niño de tanto verlo (también le leí alguna saga histórica de Iron Man), y que yo consideraba el mejor guionista de superhéroes del mundo. Aún no había descubierto a Larry Hama ni a Claremont, que pronto me quitarían esa idea de la cabeza. Pero la verdad es que no se reivindica para nada a Michelinie, y siempre me pregunté quién sería realmente este tío. Pasará a la historia por haber introducido a Jim Rhodes y los problemas de alcoholismo en la vida Tony Stark, y en Amazing creó nada menos que a Veneno y a Matanza. Lo que pasa es que a mí estos dos personajes siempre me han importado un carajo, pero hay que reconocerle el mérito, que Veneno hay muchos lectores que le adoran, por encima de a Spiderman. Por lo demás, el pobre Michelinie ni siquiera creo que pase a la historia como uno de los 5 principales guionistas de Spiderman. Fue un escritor comedido, desde luego, y que en su etapa (1987-1994) apenas tocó absolutamente nada del concepto original, no arriesgó demasiado, ni trajo historias que nadie hubiéramos retenido en la memoria, de no ser por el pasmoso efecto McFarlane. Los tebeos de Michelinie son un eterno retorno de villanos clásicos y argumentos repes.

De hecho, igual que comentaba en alguna entrega anterior de estas anotaciones, el fenómeno McFarlane eclipsó todo, pero lo verdaderamente interesante estaba sucediendo en las cabeceras secundarias del personaje, Spectacular Spider-Man y Web of Spider-Man. Ya dije en la anterior reseña que "La última cacería de Kraven" no ha perdido nada de su fuerza, que mil años después sigue poniendo los pelos de punta. En los siguientes números de Spectacular que me he calzado, J. M. Dematteis se sigue mostrando como el guionista de Spidey más valiente y apasionante de los 90s, a la altura de lo que hizo Peter David en sus pequeñas historias costumbristas, pero llevándolo a sagas épicas y trascendentales, como la increíble "El niño que llevas dentro", con la impactante y expresionista labor del Maestro Sal Buscema. Por su parte, Alex Saviuk fue relegado a Web of, donde dibujó (con la extraña y notoria evolución mostrada arriba, ante el acoso del fandom obsesionado por McF) algunas historias muy decentes escritas por Terry Kavanagh o un joven Kurt Busiek pre-Marvels, aunque lo más interesante de esta etapa fue la frankmillerísima saga "El nombre de la Rosa", donde a un desatado Kingpin lo quiere matar hasta su hijo.

Y como decía, a McFarlane le acaban dando la 4ª colección regular de Spider-Man (y encima, Amazing pasaría a quincenal durante aquella época). Aquello se puede describir sencillamente como un ensayo para Spawn. Fueron 3 ó 4 historias seriadas, cada vez más densas, dramáticas y oscuras. Nada reseñable leídas ahora, aunque hay que reconocerle el mérito también al innovar en el narrador y en el afán introspectivo; aquello tenía poquísimas palabras, y bastante influencia de Twin Peaks. No recordaba la trama detectivesca con el Wendigo y Lobezno en los bosques del Yukón, esa me gustó.


A Mc le había sustituído en Amazing Erik Larsen, y pronto lo haría también en Spider-Man, porque Mc era muy lento y debía tener agujetas hasta en los sobacos de tanto firmar autógrafos, tanta gira mundial y tanto sexo con las fans. No pasó mucho tiempo en que le sustituyera Mark Bagley, pero aquellos tebeos de Larsen, tanto los escritos por Michelinie como en solitario, fueron y me siguen pareciendo una delicia, aventuras fresquísimas y dinámicas, un tono divertidísimo, unas composiciones de página antológicas, casi un retorno a los tiempos de Stan Lee. Ojalá Larsen se hubiese quedado en Spider-Man para siempre. Por la misma cuestión de la bola y la cadena que ataba a los artistas en Marvel y no les trataba como las estrellas que eran, Larsen se fue a Image hacer Savage Dragon en 1992, y no ha dejado de sacarlo mensualmente hasta hoy. Ostenta el récord del artista occidental que más tiempo ha estado en una misma serie. Ha demostrado ser un dibujante de cómics de verdad, un auténtico maestro, que se debe a sus fans y que rinde homenaje a los más grandes del tebeo de superhéroes, a Stan, a Jack, a Steve, casi en cada viñeta. Compré Savage Dragon cuando empezó en España, pero me rendí pronto. Una vez me dio por leer de una tacada más de 100 números, y es increíble la cantidad de pasión por su trabajo que hay ahí; pero sus guiones son demasiado flojos, destinados al lector adolescente, y terriblemente infantiles y estancados en la Edad de Oro. Pero sospecho que todos los fans de Spider-Man tenemos hecho a Larsen un hueco en el corazón, como ese artista espectacular pero al mismo tiempo comedido, moderno pero a la vez clásico, con sus estridencias y concesiones molonas a la "anatomía alternativa", pero que todo lo dibujaba bien y aportaba tanto sentido del humor y tanto cariño.

Y entonces, decía, llegó Mark Bagley. Apenas acabo de empezar a leer su etapa, que creo que fue bastante larga. Ya había dibujado a Spiderman antes en fill-ins de Atlantis Ataca, y sobre todo será recordado por su etapa récord en Ultimate Spider-Man (que como decía, me he chupado entera en estos meses también...), pero para mí Bagley fue el dibujante con el que casi me inicié conscientemente en los superhéroes, con los New Warriors que también mencionaba antes, y tiempo después con los Thunderbolts (1997), una serie que disfruté muchísimo ya como lector avanzado. Ya digo que estoy a tope con la Marvel de los 90s, claro que sí. Me queda por empollarme bien sus años en Amazing, si eso volveré alguna vez con ello, pero es encomiable cómo mantuvo el listón, y no quiso decepcionar a los que habían sido cegados por el ciclón McFarlane/Larsen (juraría que su característica Luna gigantesca, como si estuviese a cien metros de la Tierra, se lo copió a Larsen). Bagley representa el "Marvel way of life" de maravilla, es un dibujante correctísimo y moderado, en la línea de los Buscema o los Romita, y a mí me encanta. Algunos perfiles y algunas ancas le quedan raras, pero es su marca de la casa; como narrador me parece extraordinario, un auténtico funcionario del tebeo clásico al que tengo en un pedestal. Nadie mejor que él para recoger el testigo.


Pero la historia de Spiderman a través de los 90s está escrita a golpe de clones... Me temo que lo peor está por llegar...

Huwebes, Setyembre 8, 2016

"Educar en el asombro" (Catherine L'Ecuyer, 2014)


Puesto a padecer estos angustiosos periplos eternos en barco, en elefante, en tren de una punta a la otra todo el verano (y me parece que así voy a seguir), alguna vez he cogido lo que fuera para leer de vuelta, si no llevaba a la ida. Leer, estoy leyendo mucho estos días. Y ya que estoy todo el tiempo con los niños, me dio por esta especie de recetario posmoderno de educación infantil, para madr@s primeriz@s, que encontré en mi casa de adopción. En realidad, el título me llevó a engaño.

Las horas que paso con mis niños son un auténtico placer, entre otras muchas cosas porque, al contrario que casi tod@s l@s padr@s, que van a toda hostia tirando del brazo de los peques como si fuesen un bolso, o un perro o una res porque hay muchísima prisa (¡que vienen los Hombres Grises!), yo lo único que tengo que hacer es dejar que pase el tiempo mientras estoy con ellos y les entretengo, les hago reír y me hacen reír. Poco más. No existe la prisa, no tengo ningún interés en llevarles a casa en un esprint, ni en que hagan nada a voces, ni tengo necesidad de aparcarles con el Youtube para relajarme en un sofá, sino que dejo que ese tiempo transcurra a ritmo de niño. No les compro nada, no necesitan nada. El placer de recorrer el medio kilómetro diario que separa el cole de su casa, nos suele llevar entre dos y tres horas. Contemplar a los bichos, reconocer las especies de los árboles, coleccionar semillas de algarrobo (esa maravilla de la naturaleza que es como un paquete de caramelos natural), bolitas de acebo o mojoncitos de pinsapo para luego lanzarlos al Estanque del "Sacedonte" (una vez escondimos allí un pequeño rinoceronte de juguete) o a malvados transeúntes imaginarios y que no se acaben hasta llegar a la piscina, es nuestra mayor preocupación. Recorrer tranquilamente el Camino Calete, por el que no va nadie, hay bichos más grandes, cientos de tipos de flores y no nos pueden atropellar los coches (en aquella zona los semáforos son un aderezo, poco más que un bolardo), e imaginar que nos hemos perdido en la Amazonia, es nuestra misión. Escalar todos los poyetes del trayecto para luego saltar de vuelta a la acera es nuestro desafío. Llamar a la puerta de todos los armaritos municipales de alumbrado y control de tráfico, a ver si sale un enanito, nuestra esperanza. Recolectar mugre de las paredes en la punta de los dedos, nuestra obligación. Para mí, responder a todas sus preguntas, y sobre todo preguntarles cosas y observarles fascinado, está siendo mi particular entretenimiento, crecimiento y sublimación como persona y como padre frustrado. De ahí mi confusión con el título del libro, que había pensado que explicaba cómo ser uno, el educando, el protagonista del asombro: "Educar desde el asombro" es lo que me pasa a mí, que siento una admiración inmensa y me fascina cada cosa que hacen estos dos moñecos, y me siento un privilegiado viéndoles crecer sin prisa.

Pero la cosa es al revés, claro. El libro es una teoría del aprendizaje propuesta para estos tiempos en los que todo va a toda hostia y nadie se para ni un segundo, nadie pasa ni cinco segundos sin estar delante de una pantalla. Y que esto afecta a los más pequeños, obviamente. De cómo los bebés están enganchados a las pantallas como un yonqui terminal, y quitarle el móvil tras la décima reproducción del Hola Don Pepito puede acabar en tragedia, escribía yo mismo en un exitoso artículo hace algunas semanas en un medio de verdad (no un blog de mierda del siglo pasado como éste). Y es que estar en Paro más de un año, te hace pensar en estas cosas, olvidarte del estrés. Se puede disfrutar de mirar las cornisas o el techo por el mero placer de hacerlo. Y para un niño de 2 años, cada uno de sus pasos es una epopeya, y todo el Universo se va expandiendo lentamente, vislumbrando una historieta nueva cada hora, con sus zonas seguras y sus mierdas espesas (yo no les oculto nada) como si jugaran a un gigantesco Buscaminas con la mente. El libro está muy bien, la teoría de esta entrepeneur canadiense es un chollo, y está narrado con la estructura del manual aquel de dejar de fumar, revelación tras revelación, a base de repetir las mismas obviedades del barquero que nunca habías tenido tiempo de pararte a pensar, arrastrado por el desagüe en remolino de la vorágine insoportable que nos rodea.

"Trilogía de Argel" (Yasmina Khadra, 1997)


Sigo con reseñas de lecturas recientes. Hoy me he acordado de la semana que estuve enfrascado con éste, una de las interminables semanas llenas de interminables viajes en la EMT. El libro me lo prestó un amigo, que me pilló cotilleando sus estanterías a comienzos de agosto un hermoso día que fui a visitarle a su chalé de la Sierra, justo cuando ya me iba. Me dijo que me gustaría. Me enfrenté a él a ciegas, y me gustó mucho. Siendo sincero, después de engancharme muchísimo a las primeras páginas con la florida prosa del autor, sumergiéndome poco a poco en los oscuros callejones del Argel finisecular, plagado de políticos corruptos y aspirantes a terrorista suicida, me decepcionó un poco, al ir descubriendo que se trataba de novela negra humorística. En un principio pensé que estaba ante una lectura extrema y epifánica en la línea de Mohamed Chukri, y estaba fascinado preparándome para cotillear bajo la alfombra de esa urbe caótica y exótica. Pasado el breve desencanto, disfruté, ya relajado y con menos intensidad, de las aventuras de risa del comisario Brahim Llob, en estas tres fantásticas novelas de corruptelas, asesinatos y bajos fondos. Las descripciones de la ciudad que usa el premiado autor (un barbas con el mismo nombre que tenía una niña de 8 años que conocí hace mucho y que me asalta la memoria de vez en cuando), esa prosa poética desesperada repleta de imágenes bellísimas, metonimias y metáforas que abren cada capítulo, son lo que más me gustó del libro. El resto es entretenido y divertidísimo hardboiled clásico en un entorno asfixiante.

Miyerkules, Agosto 31, 2016

Grand Theft Auto V (2013)


Está terminando el verano de 2016. Hoy al menos es el último día de agosto; los primeros de septiembre son una prórroga igual de asquerosa, solo aparentemente menos solitaria y mezquina con los pobres desgraciados que no nos vamos de la Gran Ciudad en agosto, pero algo reconfortante porque "mal de muchos tal y cual". Parece que la gente vuelve de sus maravillosos viajes, de sus impresionantes cruceros, sus farras hedonistas en paraísos de agua cristalina, sus orgías multitudinarias en Cayo Coco. Yo he pasado un mes de agosto agotador, con problemas de sueño, despertándome con el gallo y regresando a casa de noche arrastrando los pies... pero ha sido bonito, porque pasaba todas esas horas con mis sobrinos, de 1 y 3 años, que son lo que más quiero en el mundo, y estaban huérfanos de 9 a 21. Llevo desde el comienzo de la primavera encargándome de recogerles de la guarde, y este mes me ha tocado sustituir a la guarde entera, porque sus pobres padres no han podido coger vacaciones y sus abuelos tienen casa en la playa. He ejercido de abuelo jubilado, de padre a ratos, de tío guay que les va a buscar y les lleva a descubrir el mundo. He disfrutado cada segundo, pero pagando un precio físico, porque estos niños son agotadores. Son lo mejor del mundo, pero me consumen. Hoy su padre estaba ocioso y les ha traído al centro, a verme. Hace un rato, he estado con mis niños por el barrio, hemos comido en un sitio que me encanta, hemos paseado por los sitios que me gustan, hemos visto la exposición de monstruos de la Fundación Telefónica (yo por tercera vez), y luego el mayor se ha empeñado en subir a mi oscuro y pequeño piso de soltero, en este crujiente edificio centenario. Ya ha venido otras veces, y como es un niño pequeño y tengo un gato, cuando viene al Centro siempre quiere venir a mi casa. Me hace mucha ilusión, no es que la gente se pelee precisamente por venir a mi casa a verme. Los niños enseguida se han hecho con el sitio, les he dado de merendar, han pasado mucho rato mirando mis muñecos, mis tebeos, la tele y las mil cosas que tengo en esta casa de loco, y no se querían ir. Uno estaba desarrollando historias con dinosaurios de plástico y luego ha sido engullido por mi enorme sillón de orejas y le he puesto dibujos, mientras el otro perseguía al gato, que no sabía qué demonios estaba pasando, ni qué hacía ahí esa personita más pequeña que él blandiéndole todo el rato pedazos de embutido, desde sus manitas ennegrecidas. Mi gato es como yo, se siente ya viejo y está a verlas venir, apenas le divierte ya todo esto grasiento y tumefacto que llaman "vida". Ha sido un rato extraño, y a la vez hermoso. No sé por qué he puesto esto aquí, quería recordar este momento. Me he sentido como un anciano que vive en una casa en mitad de un bosque esperando la muerte, y vinieran dos niños sonrosados y rebosantes de energía a recordarle cómo era aquello de ser feliz; así es como me está afectando esta recta final de la prestación y este agosto con tan poca vida social. Pero yo venía a hablar del GTA V, que me lo pillé a principio de mes y ha sido una gran compañía todos estos días. Bueno, casi todos. Pero algunos no he hecho más que getear y getear de sol a sol, lo confiesto. Con tal de no pararme a pensar... Es que agosto es una tortura para mí. El GTA V fue mi autorregalo de cumpleaños. Fue mi cumpleaños el otro día. Ha sido mi único regalo este año.

Cuando yo era pequeñito, tenía un vecino que vivía puerta con puerta, de la misma edad que yo. Supongo que fue mi primer amigo, nos llevábamos unos días sólo y recuerdo que casi todo el tiempo estaban ambas puertas siempre abiertas, y corríamos de una casa a la otra. Hasta nos bañaban juntos: éramos amigos porque no nos quedaba otra. Con el paso de los años, mi vecino me fue cayendo cada vez peor; de hecho, no le caía bien a casi nadie, se fue quedando cada vez más solo y la piña que formábamos todos los de la urba le fuimos rechazando; pero por aquello de que habíamos compartido bañera y que nuestras respectivas madres tricotaban y hacían pasteles de plátano juntas y tal, de alguna manera yo estaba obligado a hacerle un poco más de caso, a pesar de que era un mentiroso, un egoísta y, encima, nos mordía. Así, el día de su 10º cumpleaños, habíamos decidido ignorarle, rechazar todos su invitación y dejarle solo. Pero entonces, para convencerme de que fuese a merendar a su casa el día de su cumpleaños, me contó que se había comprado un videojuego nuevo para el Commodore 64 que tenía. Uno en el que tu personaje podía luchar, andar y correr libremente, coger cualquier vehículo que viera por la calle (coche, moto, bici, camión), e incluso montar en avión, en barco, en elefante, en tren. El tontaina de mi vecino inventó el Grand Theft Auto a mediados de los ochenta. Y al final su cumpleaños lo pasamos los dos solos  jugando al Snake (que por cierto, está más de moda que nunca en pleno verano de 2016, qué cosas...), y cuando intentaba huir a mi casa me pegaba y no me dejaba salir de su cuarto.

Siempre me acuerdo del pringao de mi vecino cuando pienso en el GTA. Y esta franquicia es uno de los pocos videojuegos que me ha enganchado alguna vez. Primero, por lo catártico que resulta jugar: cuando voy camino de casa ya estoy fantaseando con ser otra vez Michael, Trevor o Franklin para, simplemente, ir por la acera y soltarle hostias a la gente hasta matarla, solo por el placer de hacerlo, porque no pude hacerlo mientras venía para casa; y segundo, por el realismo y lo alucinante que es todo. El juego tiene ya 3 años, y desde que vi los primeros videos de adelanto antes de su lanzamiento, ya me moría de ganas de jugarlo. He tardado tres años, y por fin cuando despuntaba este mes de agosto que se prometía tan muermo, me hice con una copia de décimo segunda mano y me encerré a probarlo. Y tal y como me temía, GTA V me privó practicamente de todo contacto con la realidad durante todo el tiempo que me fue humanamente posible, hasta que terminé la aventura completa al cabo de dos semanas.


Es un juego absolutamente impresionante a nivel gráfico, casi tan real como salir a la calle a dar un paseo, pero infinitamente más interesante, ¡dónde va a parar! En realidad, en un primer desguace podemos inferir que son 3 modos de juego totalmente diferentes: el "modo historia", el "modo libre", y el "modo online". Y dentro de todos ellos, hay montones de posibilidades. Y hay una cuarta manera de quedarse fascinado con GTA V, que es de la que en realidad quería escribir: mirar a otra gente jugando al GTA V. El "modo Youtube". A mí me cansan los videojuegos, esa es la verdad, mi relación con la pantalla de TV siempre ha sido de observador pasivo, y una vez que terminé la historia principal, una vez completadas todas las misiones de los tres personajes, es cuando fui metiéndome en realidad más y más dentro de todo este universo. Pero luego vuelvo con ello.

El modo historia es como estar dentro de una película de tropecientas horas, o estar muy enganchado a una serie de acción mientras se va interviniendo dándole a los dichosos botones. Nos metemos en la piel de esos tres personajes salvajes, que (creo) son nuevos en la saga. En GTA IV, que lo jugué también una temporada en PS2 pero me cansó pronto, los protagonistas eran jóvenes castores balcánicos de la mafia, lo que generó bastante polémica. Esta vez han tirado de tres estereotipos norteamericanos.


Michael "De Santa" es un ex-ladrón de bancos que está apartado de la acción, y el programa de protección de testigos le ha llevado a un chalecito en la zona acomodada de la ciudad de Los Santos, donde vive con su mujer, Amanda, y sus hijos adolescentes, Tracey y James. Sus antiguos delitos y el trabajo como agente doble para el FIB (absolutamente todo en el universo de Grand Theft Auto parodia la realidad, cambiando ligeramente las denominaciones) le ha hecho ganar muchísimo dinero, pero su vida matrimonial es un desastre, asiste a terapia de pareja, y sus hijos son dos milenials insoportables, él un chobby caprichoso enganchado a los juegos online y a todo tipo de drogas de diseño, obsesionado con el pasado criminal de su viejo, y ella una valley girl absolutamente imbécil que aspira a formar parte del estilo de vida Kardashian. En el fondo, aunque reniegue de ello, Michael sueña con volver al crimen, y solo hace falta cualquier pequeña excusa.


El alivio, la evasión que necesitaba y su regreso a las calles los encuentra en Franklin Clinton, un nigger noblote y sensato, que malvive con su tía en una casa baja en South Los Santos, donde se dedica al menudeo, a la delincuencia de baja intensidad y a recuperar vehículos embargados de clientes acusados por el fisco. En una de éstas, Franklin tendrá que ir a robar el coche de Michael junto con su colega Lamar Davis, y en ese momento es cuando se conocen. Pronto, el FIB recurre de nuevo a Michael, y éste ve la posibilidad de escaquearse, y al mismo tiempo de tutelar al hijo que siempre quiso de vuelta al negocio, viendo las enormes posibilidades del espabilado de Franklin, y dando por imposible al imbécil de su hijo legítimo. Pronto ambos comienzan a hacer pequeñas chapucillas conjuntamente, trabajo sucio y "de falsa bandera" para los federales.


Y de pronto, un buen día, aparece Trevor Phillips en casa de Michael. Es el tercero en cuya piel nos tendremos que meter indistintamente todo el rato, y un personaje absolutamente magistral, uno de los tarados más grandiosos que ha dado la ficción reciente. Se trata de un redneck que vive en la zona norte de la gigantesca isla de Los Santos, en Blaine Cunty, cerca del desierto de Gran Señora, en una chabola miserable. Tiene una mala hostia bíblica, aspecto de loco goyesco y unas líneas de diálogo desternillantes. Desgarbado y maloliente como cualquier tipo que podrías encontrarte meando dentro de un vagón de metro, su sola presencia hace que los urbanitas de Los Santos huyan como conejos. Resultará que Michael y Trevor tienen un pasado común, y que Michael se la jugó a Trevor en el último momento durante un atraco frustrado, en circunstancias que aún no han sido aclaradas, aunque las vivimos en la primera misión del juego, en el pueblo nevado de Ludendorff (North Yankton), que está fuera del mapa en el que viviremos las próximas miles de horas.


La historia principal, por lo tanto, girará en torno a estos tres personajes y su curiosa relación, avanzando a base de misiones que nos imponen los hijos de puta encorbatados de los federales, complejos atracos a gran escala organizados junto al maravilloso hacker lisiado Lester Crest (un tipo que bien podría haber formado parte de los Lone Gunmen de Expediente-X), e inmersiones en la particular vida privada de cada personaje: Michael tiene muchísimo trabajo para enderezar a su familia de reality de la MTV, y su psiquiatra no es el más indicado. Además, ve la luz cuando se abre ante sí la posibilidad de dedicarse legalmente al mundo del cine, al trabar amistad y convertirse en el matón personal de Solomon Richards, un entrañable sosias de William Castle o Roger Corman; el veinteañero post-gangsta de Franklin está en pleno salto de las calles arrabaleras a la primera división del crimen organizado, y tiene que lidiar con la pesada de su tía o con el cotilla de Lamar, cuestiones que se solucionan de golpe cuando el FIB le pone un impresionante penthouse de esos con veinte habitaciones de lujo y una piscina "infinita" para blanquear dinero de un robo; Trevor es en realidad un enfermo, y en sus tramas particulares descubrimos que le gusta vestirse de mujer, los coches oxidados o los explosivos tanto como la cerveza. Se enamora de una sexagenaria casada con un capo de la mafia, destroza la vida de todo chaval al que acoge en su seno y le parasita... Solo abandonó su asqueroso chamizo de paleto en Sandy Shores para instalarse temporalmente en el apartamento de un pringado en Vespucci Boulevard, que progresivamente vemos cómo se va degenerando y llenando de mierda. Está muy celoso de Michael porque envidia que tenga a un pupilo tan valioso como Franklin.

Y aparte de las tramas conjuntas y las de cada uno por separado, está el cabo suelto dejado por Trevor y Michael en aquel paraje nevado, que traerá mucha cola. Trevor irá enfrentado al terceto progresivamente con la mafia china, con el cártel mexicano, con un empresario armenio... Sin darse ni cuenta, Trevor aprieta un gatillo por error, o mete la picha en la citada sexagenaria, o simplemente mata a un fulano por diversión, y el mundo se pone del revés y tenemos que salvar la colada contra ejércitos enteros de milicias o mafias. Y claro, la relación entre T. y M. se va haciendo cada vez más asfixiante y agresiva, y F. tiene un papelón alucinante con todo aquello, que desembocará en la escena final en la que tenemos que tomar una decisión crucial, una muesca más en la montaña de cadáveres que hemos ido dejando.


La historia, la cinemática de GTA V es una obra maestra. Como, insisto, soy un cásual de manual, no sé si es el mejor juego o no, o es que ya todos son así, no tengo otras muestras con las que compararlo, pero me fascina cómo encaja todo, lo hiperrealista que es todo, lo bonito de todo, como una meta-serie de última generación en la que vives dentro, y sobre todo lo imensamente grande que es todo.

Estas tramas son solo una pequeña parte de la historia, en realidad. Lo maravilloso de los videojuegos de "mundo abierto", por lo visto (ya digo que yo no juego casi, pero que tenía una obsesión muy poderosa con éste), es que las posibilidades son practicamente infinitas. Está la interacción con los ciudadanos, los "personajes no jugadores" (pnj's) que se decía en mis tiempos, que algunos te reclama para cumplir pequeñas misiones fugaces, misiones que ayudan a los protagonistas a subir los puntos de "conducción", "puntería", "resistencia" y esas cosas. Ya pueden ser autoestopistas como atracadores que habían olvidado un vehículo de huida, una triatleta pesada que nos insiste en practicar todo tipo de deportes de competición, un yuppie obsesionado con los deportes de riesgo que nos introduce en el mundo del trial o del paracaidismo, lecheras blindadas de transporte de dinero demasiado golosas como para no pararte y reventar una cada vez que las ves, un paleto empeñado en que aprendas los placeres de la caza furtiva de uapitíes, una secta destructiva perdida en mitad del monte que necesita que les lleves jóvenes vírgenes para ser devorados, gente que quiere hacer carreritas por aquí o por allá, chiflados que te invitan a recoger tesoros submarinos o piezas de una misteriosa nave alienígena, podemos hacer misiones de taxistas o de conductores de grúa... Es que cuando el bobo de mi vecino de al lado cuando era pequeño fantaseaba con un juego tipo sandbox en los ochenta, no podía ni acercarse a concebir nada parecido a esto. Los de Rockstar están empeñados en que esto sea el juego definitivo, y hay cientos de minijuegos dentro del juego. No solo es un juego de violencia y carreras de (literalmente miles de modelos de) coches, camiones, motos, motos acuáticas, aviones, helicópteros, tanques, lanchas, yates o barcos. Dentro del mapa de Los Santos puedes ir a un sitio a jugar en un (inmenso) campo de golf e ir mejorando tu hándicap a lo largo de los meses, pillar una BMX y hacer cabriolas, lo mismo con una moto de trial, echar unas partidas de dardos o de tenis que son un vicio y tirarte una semana solo con esto, hacer paracaidismo, submarinismo, tiro al blanco... por no hablar de que hay diferentes tiendas de ropa, peluquerías o salones de tatuajes que van trayendo nuevos modelitos y puedes jugar a las muñecas y las posibilidades son igualmente infinitas, como lo de tunear y pimpear coches con todas las permutaciones y combinaciones posibles, con lo que mola esto. Se pueden comprar y vender casas, invertir en bolsa, emborracharse, recorrer las calles azarosamente o simplemente quedarse parado en mitad de una plaza y esperar a que tu personaje enfoque y contemple su alrededor, y pasarnos un rato viendo lo que hacen los viandantes; ya solo esto entretiene una barbaridad.


Por supuesto, en general es un jueguecito que se basa en correr a toda pastilla, como un bakala de extrarradio, y liarse a tiros con todo el mundo con armas cada vez más grandes y molonas. Jugar a ser un mafioso, un torturador profesional, un pedazo de cabrón sin remilgos, padres y profesores llévense las manos a la cabeza, Satanás está aquí en este juego por todas partes; pero está todo fenomenalmente hilado y narrado. Las escenas cinemáticas son, como decía, una película de Scorsese o de Tarantino, o una serie de trepidante acción con todos los detalles mimados y cuidados durante años. No es tan arriesgado comparar el "modo historia" con obras maestras como Los Soprano o Breaking bad, donde los personajes evolucionan, los secundarios son increíbles, los diálogos están trabajados hasta la extenuación, los actores que dan vida a los píxeles son un portento y la ambientación es inmejorable; reducirlo todo a la violencia extrema que subyace en torno a todo esto todo el rato, dado que estamos ante el juego más vendido de toda la historia y es imposible que no choque esto con la zona del confort del cuñao, es una tontería. Y sí, ya he dicho antes que es muy importante y que a mí me fascina, me encanta explorar esta violencia de ficción de la manera más salvaje posible; aunque en realidad ni siquiera sería necesario si uno quiere ser bueno. Claro que es un juego increíblemente violento y repleto de sexo, pero como adulto exijo mi derecho a jugar a esto todo el rato.


Porque lo del sexo es también bastante guay y abre bastantes posibilidades. Los Santos es una ciudad muy sexy en sí misma, muy de reality show sobre todo según te acercas a las playas y por San Andreas (apodada "Vice City" en anteriores entregas de la saga), y de noche las prostitutas toman las calles, te acercas y te la chupan por calderilla. Al Vanilla Unicorn, quieras o no, vas a tener que ir docenas de veces, y se ven tetas a mogollón (creo que en GTA IV y anteriores no había nada tan explícito, vamos, no me acuerdo). La vida sexual decidí dejársela toda para Franklin, en mi caso, que se hizo colega del alma de todas las trabajadoras del strip-club, y era coger un coche de noche por el centro y no había esquina aburrida. Al respecto de todo esto, es que los videojuegos para adultos no son como la televisión para adultos. Cada cinco minutos, vemos en GTA V imágenes que no se podrían ver ni de coña en televisión... pero es que eso rojo que salpica por todas partes, son píxeles, coñe. Y en el fondo, los artistas que han creado este fascinante universo, no son tan degenerados ni enfermos: no hay pnj's embarazadas a las que golpear con un puño americano en la tripa, ni ancianas a las que hacer polvo al volante de un bulldozer, ni niños ni niñas por ahí a los que volar la tapa de los sesos, ¡eso sería de degenerados! Pero lo de que solo se pueda masacrar violentamente y disfrutar del asesinato contra marcianitos y zombies... vamos, por dios, que hay adultos aquí mirando también...


Hay mucho que hacer en Los Santos, siempre. Recorrer el mapa en línea recta de norte a sur a toda velocidad en coche, por ejemplo, te puede llevar unos diez minutos de tiempo real, y unos cinco de este a oeste. Y entre medias hay cientos de lugares en los que entrar o a los que subirse, varias cordilleras diferentes, un desierto, lagos, ríos, deltas, playas. Hay un gran núcleo urbano con numerosos barrios diferentes (una parodia de Los Angeles bastante completa, con su zona comercial y financiera con manzanas de rascacielos, unas zonas residenciales para pijos y otras para pobres, playas de postal, su parodia de Hollywood, y del Paseo de la Fama, su parodia de Long Beach, su zona para negratas, la zona hispana... de todo), y otros pequeños asentamientos de población, tanto en los suburbios como en la citada zona de Blaine County, la parodia de Los Angeles County, donde están los paletos, las montañas, el desierto. En el gigantesco mapa hay un aeropuerto internacional, varios puertos deportivos, una gargantuesca zona industrial de carga y descarga portuaria; hay bares, tiendas, zonas residenciales, un barrio lleno de canales, terrazas, un recinto ferial con su noria y su montaña rusa jugables, unos estudios de cine, varias salas de cine (de hecho, otra actividad que puede uno hacer es meterse en un cine a ver los tres o cuatro cortos que ha rodado este equipo de titanes; y en casa puedes ver episodios de varias series de dibujos animados que son la monda), un circuito de coches deportivos y otro en construcción para hacer el cafre; hay una cárcel, asentamientos de vagabundos o de hippies por ahí perdidos, larguísimas autopistas y callejones de mala muerte; hay un montón de islas pequeñas por todas partes y, por supuesto, un gigantesco océano que rodea todo el conjunto y que, lo digo en serio, a mí me da bastante miedo explorar; ni siquiera en avioneta, pero que esconde su propia fauna y muchos misterios sumergidos; hay una mina, una presa, un observatorio, un gran centro comercial, un fortín militar; una red de Metro subterránea con no sé cuántas estaciones (tampoco la conozco apenas), y también una compleja red de túneles (inexplorados por mí). Recorrer todos los rincones a pie es una tarea titánica, y por eso podemos subirnos a miles de vehículos diferentes. Y todo está ahí, polígono a polígono, píxel a píxel, creado a lo largo de casi una década por los programadores con todo tipo de enfermizos detalles, dispuesto a ser explorado. O incluso fotografiado, que tenemos un móvil a nuestra disposición para hacernos selfies con los lugares curiosos, o fotografiar putas muertas con filtros diversos, o usar la cámara para leer miles de carteles y mensajes extraños pintados en las rocas.


Hay unas 20 emisoras de radio diferentes en la ciudad, en las que suena música diferente mientras conducimos vehículos o en determinadas misiones (o resuena por la ciudad atronando de algún descapotable). En principio me fascinó esto, y hasta estuve a punto de hacer un programa dedicado a la música del GTA... Pero finalmente me acabé cansando mucho del tema. En total debe haber unas 100 canciones diferentes. Hay cosas curiosas, hip-hop latino y electrónica de vanguardia, pero acaba cansando, irremisiblemente. Las locuciones, los anuncios y los talk-shows están muy bien, pero las canciones aburren. Hasta la emisora de rock clásico, la de punk y la de country acaban siendo un petardo, de las que solo salvaría un total de 5 ó 6 canciones. Pero es increíble lo bien hecho que está. Incluso desaparecen algunas emisoras a ratos, en Blaine County.

También existe internet. Una intranet propia, en la que la flechita del ratón tiene enhiesto el dedo corazón en vez del índice. Puedes entrar desde el móvil, o desde cualquier ordenador que encuentres por ahí en una casa o un local. Tampoco me he perdido demasiado, pero sí que le doy a veces al botón de "web aleatoria", y me parece que hay un mundo ahí, donde pasarte navegando por webs bizarras. Desde objetos de teletienda que parodian lo más ridículo de la vida moderna (implantes de pecho para hombres, ropa increíblemente estúpida, calcula el día de tu muerte, etc.), hasta webs que aportan información de elementos del juego en una cantidad absurda (marcas de ropa o modelos de coches, tiendas de Los Santos, personalidades, programas de televisión, sus propias redes sociales como LifeInvader, el particula Facebook de nombre honesto dentro del juego...), páginas web realmente útiles (básicamente, comprar vehículos e inmuebles y jugar a la bolsa), y para el más iniciado, sitios web que revelan secretos y misterios. Pero de los misterios hablo enseguida.


Y otra de las partes más sugerentes del inabarcable mapa, es el Monte Chilliad, que no lo quería citar aún, porque es un sitio muy especial. Ocupa buena parte del norte del mapa, una zona más o menos tan extensa como todo el área urbana de Los Santos. Es el punto más alto, y podemos escalarlo a pata, si estamos ociosos, o subir en algún vehículo si no estamos locos. O usar el teleférico mientras vemos ponerse el sol con esa impresionante gama de violetas y anaranjados. Si te pilla un paseo por el Monte Chilliad de noche bajo la tormenta, se te hiela la sangre (si no te come un puma o un lobo), porque en aquel lugar pasa algo extraño. La climatología de GTA V es una locura de lo bien hecha que está, y a veces dan ganas de volverse al chalé a ver dibujos animados, pero otras veces recorres la montaña despacito, y "sientes" cosas...

Podemos entrar en una peluquería al azar, y haciendo caso omiso al dependiente, liarnos a curiosear entre los objetos de los estantes o las fotos de las paredes, y descubrir por casualidad una vieja foto en blanco y negro de Los Santos inundado; eso hace que te acuerdes de unas pintadas en un half-pipe junto a una cancha de básket en Little Seoul donde también había un dibujito de una gran ola sobre la ciudad, con fecha de 1971; y si atas cabos recuerdas que por el centro hay un bar llamado Tsunami, y otros detalles que no recuerdas dónde recabaste (un periódico tirado en el suelo en la estación de autobuses, una conversación que escuchaste al salir de un hospital o una conversación con una pnj que te pidió que la llevaras a casa porque iba demasiado ebria para coger el coche...) pueden hacer que te obsesiones con la idea de que la gran presa de las Tatavian Mountains parece resquebrajarse un poco, y que la vaguada seca al otro lado del embalse apunta directa hacia Vinewood o el Downtown... Si uno fantasea un poco, la ciudad de Los Santos está viva, y curioseando más descubres que hay muchas historias que cuentan esos edificios.


Porque ya he hablado del "modo historia" (semanas de "modo historia", de acción mafiosa y misiones combinando entre los tres protagonistas), y del "modo libre", las infinitas posibilidades y las pequeñas interacciones y actividades que puedes tirarte meses haciendo. Pero como decía hace un rato, GTA V se transformó enseguida en GTA V Online, un "modo multijugador", en el que puedes conducir a través de Los Santos a la vez que otros muchos jugadores del mundo. Esta tercera vía es la que aún no he explorado mucho. Como yo soy, en realidad, muy malo jugando, conduciendo, disparando y tal, cada dos por tres desaparecía sin saber qué me mató. Pero esta opción multiplica aún más las posibilidades de acción, haciendo misiones multijugador, compitiendo contra cualquiera en cualquier cosa, o diseñando tus propias misiones. Y además, aquí Trevor, Michael y Franklin ya no están, sino que diseñas a tu propio personaje, a tu sim, desde cero, eligiendo todas sus características físicas y aprendiendo otra vez todas las habilidades. Puedes unirte a crews y así tener enemigos comunes, y montones de cosas más, pero en principio esto no me atrae demasiado. Hubo una tarde que me dio por participar en una especie de "caza de la bandera" contra otro jugador, que por lo que me parecía escuchar (hay gente que juega con un pinganillo y un micro, y maldice en voz alta, qué cosas tiene esto de los videojuegos) era un chavalín mexicano que hablaba con su hermana pequeña. Estuvimos cosa de una hora matándonos en un pequeño recinto muy chulo lleno de obstáculos por Great Chaparral. Me mataba a tiros 9 de cada 10 veces, pero alguna vez le pillaba yo desprevenido y me sentía un dios. Me aburrí y abandoné, pero fue bastante bonito. Mi personaje en el Online es una tía, muy fea y que va por ahí en camiseta de tirantes, bragas y pisacacas militares. Lo que más me interesaba del Online, de este nuevo modo libre infinito, es que se pueden atracar tiendas, comprar y vender inmuebles, puedes llegar a tener unos pisos de lujo impresionantes de varias plantas, garajes y helipuertos propios por ahí, yates, todo tipo de deportivos de ensueño tuneados... Pero habiendo llegado tan tarde al asunto, me siento idiota. Como Mr. Bean con su Mini Cooper en bragas tratando de abrirse hueco en un mundo de milicianos sedientos de sangre que conducen coches de competición blindados. Después de dos o tres días echándole bastantes horas muertas, creo que yo tenía un nivel 13, y la mayoría de la gente que se lanza a las calles tiene un nivel 1.365 y lleva dos años conectado 24/7. Es demasiado hostil todo esto para mí.


Además, los DLC (las actualizaciones que va sacando Rockstar para el juego) van en la línea de la conducción y las carreras, la construcción de intrincados circuitos por todas partes, hacer el bakala, el cani, el fast y el furius, y eso es lo que menos me gusta del juego. Al principio, me sentía libre y feliz recorriendo las calles y las autopistas, sintiendo el viento en la cara, encendiendo pitillo tras pitillo camino de Lago Zancudo a dispararle a las gallinas... pero al final es un trámite odioso. Y te subes a un bordillo sin querer (es un decir) y ya tienes 3 estrellas de seguimiento, y te pasas las horas huyendo de la policía. Ah sí, que no había mencionado a la policía. Pues están por todas partes, claro, y su presencia es constante, ya que es un juego en el que eres un delincuente. Obvio. Y la gente no para de recurrir a los trucos para ser el matón más fetén del juego, y a los mods, y a hacer aparecer tanques en mitad de la nada y disparar bombas nucleares.

No sé si volveré al juego Online, pero es que una vez que terminé la misión principal, todo el "modo historia", resulta que llevaba completado en realidad un 73% del juego (sí, hay estadísticas por todas partes, el juego lleva la cuenta hasta de las veces que te pillas la picha con la cremallera). Volví con Franklin, Michael y Trevor, mis mejores amigos este verano. Aún había mucho que hacer. Recoger cosas escondidas por ahí, llevar a tipos chalados a sus casas porque están pedo, mejorar habilidades personales, echar más partidas de golf, comprar negocios y mantenerlos, derrochar los millones de dólares con los que terminas el modo historia. Y aquí, al volver al modo libre (pasando, de momento, del modo online) es donde comenzó mi relación con el "cuarto modo" que decía al principio: lo de mirar a otra gente jugar. Y es que estamos en unos tiempos muy raros, lo digo bastante en este blog (qué coño, escribí un fanzine de 80 páginas sobre ello, sobre las nuevas rutinas audiovisuales y lo de mirar vídeos en bucle), que vemos más Youtube que la tele. Yo, muchísimo más. Y claro, hay millones de personas en el mundo que tienen el GTA V, y que están conectadas en internet. La información sobre el juego en la red es abrumadora. Wikis colaborativas, fan fictions, foros, y miles de miles de videos. Tutoriales, guías para superar cada misión, secuencias para encontrar todas las "piezas de la nave" o "fragmentos de la carta". Empecé a necesitar ver vídeos para superar estas sub-misiones, y de repente, sin darme cuenta, me había sumergido en el marasmo de los vídeos de Youtube del GTA V. Y en esto estoy. En realidad, esta entrada del blog pretendía que fuese una reseña sobre algunos vídeos del GTA V que sube la peña.


GTA V está generando tanto material, que se podría decir que es un auténtico género audiovisual, como el terror o el drama carcelario. Hay gente que está haciendo cortometrajes dentro del juego, de tantas posibilidades que hay. Continuamente hay gente creando nuevos mods, que hacen que las ya infinitas posibilidades del juego se multipliquen por infinito. Y trucando los objetos, trasteando con los archivos internos del programa y haciendo no sé qué coño de virguerías, puedes hacer que tu personaje sea Spider-Man, en el Chavo del Ocho o en lo que sea, o que el mapa de Los Santos se transforme en el Springfield de Los Simpsons o que desaparezca todo el agua del mapa y puedas explorar las profundidades marinas en bicicleta. Y hay tipos por ahí, como decía, haciendo peliculitas, y yo que estoy tan atontado con el asunto, me he visto algunas, pero podría montarse toda una sección en un festival de cine. También hay gente, por supuesto, que simplemente se graba a lo youtuber jugando con los colegas, añadiendo miles de horas de historias en Los Santos a Youtube (de hecho, creo recordar que yo me pasé ya bastantes horas viendo a algunos youtubers de éxito jugando a esto hace años, fue mi primer contacto con el juego como babeante espectador). Hay todo un universo de vídeos en torno a los mods, no armando historias de ficción, sino simplemente gameplays con el entorno tuneado; esta misma semana se ha lanzado uno muy simpático, por ejemplo, en el que puedes jugar al PokémonGo dentro de GTA V, y ves al terrorífico hijo de mil padres de Trevor con una gorrita de entrenador Pokémon lanzando bolitas a simpáticos charmanders y búlbasaurs que aparecen por ahí. Es una locura las posibilidades que ofrece todo esto. Se puede recrear detalladamente un Parque Jurásico, o un ataque zombie, o todo lo que uno (bueno, un "ciber-manitas" de estos) se imagine.


Pero a mí que de siempre me han fascinado los vídeos de misceláneas (como ya hablaba, repito, en el fanzine éste raro que saqué hace unos meses), las cintas de recopilaciones de hostias sobre ruedas, los "vídeos de primera", el APM y las baterías de bloopers deportivos, me interesa muchísimo ese tipo de vídeos, los que arrejuntan minutos y más minutos de imágenes tipo "GTA V Brutal Death Fails Compilation #442". Piezas de 15 minutos en las que asistimos a un vórtice de violencia inconcebible por todo el sandbox de Los Santos. Con mods o sin mods, es decir, con los protagonistas del festival de tiroteos disfrazados de la Liga de la Justicia o no, con coches voladores o sin trampas, he pasado estas últimas semanas demasiado tiempo contemplando este nuevo terreno al que el diseño de este juego ha llevado a los vídeos de fails y trastazos. Qué gracia tiene un chaval que se da de cabeza contra un columpio, por tonto, cuando casi con el mismo nivel de realismo y detalle podemos asistir a un carrusel de detonaciones múltiples, atropellos a velocidad absurda, collejas ultrasónicas, caídas desde 37 plantas sobre un paseante con hilarante resultado... Todo vale. Canales como éste o éste me han alegrado el verano más que las cachas de Bea a Chanquete.


Por otro lado, hay un canal que otorga a este mismo asunto la categoría de arte competición. Cada semana, desde hace más de 120 semanas, este alegre funcionario del Youtube de origen mexicano llamado xTaLenT, en su serie "Mitos y mentiras" (sic) viene saciando la curiosidad de aficionados de todo el Globo, en un formato inspirado en el ya clásico Mythbusters; pero en lugar de probando "qué pasaría si..." en la vida real (que a quién mierdas le importa tal cosa), poniendo a prueba las físicas dentro del juego. Son ya miles las dudas solventadas a los fans, y verle resolverlas es apasionante (o se me ha ido ya la olla por completo, que es posible; agosto me mata), y los vídeos están editados con mucha gracia, frescura milenial y dinamismo. Los chavales se preguntan cosas como "¿Qué pasa si una prostituta te la chupa bajo el agua, y llega un colega tuyo y te dispara con un bazooka justo en el glande?", "Si seis helicópteros colisionan al mismo tiempo contra una prostituta, ¿esta explota, desaparece o no pasa nada?" o "¿Es verdad que si chocas un ciclomotor de tres ruedas contra el faro de Monte Gordo en noche de tormenta, obtienes vidas infinitas? ¿Y si te la chupan mientras?". El joven autor de este canal satisface todas las dudas, a razón de 5 ó 10 por capítulo, poniendo a prueba las posibilidades del asunto. Por otro lado, el mismo xTaLenT tiene otra serie, "Las mejores acrobacias", que alcanza en este momento el episodio 88º, que consiste en un Top Ten de los mejores vídeos enviados por la peña (y como no acabe agosto ya, empiezo a participar). Por supuesto, muchas virguerías y volteretas absurdas con motos de gran cilindrada, que literalmente vuelan por media ciudad rebotando en las cornisas para acabar aterrizando sobre la punta de una antena del grosor de un alfiler, que son un poco coñazo; pero también stunts y cabriolas más curiosas, como los saltos desde la estratosfera que culminan con el moñeco planeando en vuelo rasante a través de huecos imposibles o ventanucos, abriendo el paracaídas segundos antes de hacerse papilla en el suelo; o sencillas volteretitas o 720ºs pero con camiones de 8 ejes, que tienen más gracia.


Y otro tipo de vídeos, que también me he zampado a docenas por sentada, son los de curiosidades y misterios. Porque ahora es cuando vengo a hablar de los "misterios" del GTA V que decía hace un rato, que son otro aliciente que me tiene tan enganchado. Y por eso estoy intentando completar el 100% del juego, porque solo entonces van a aparecer determinados elementos que hasta ahora están bloqueados. Resulta que los desarrolladores de Rockstar son unos cachondos y deben ser bastante fans de Expediente-X o de algún equivalente yanqui de Cuarto Milenio, y hay por ahí muchos elementos desperdigados que nos introducen en la fanta-ciencia, el terror y lo freak. Uno de los huevos de pascua más conocidos, por ejemplo, es que si te saltas a la torera la primera de todas las misiones (la de la nieve, la única fuera del mapa) y te pones a curiosear debajo de un puente en lugar de pasar follado por él como se supone que has de hacer, te encuentras una superficie helada, bajo la cual se puede contemplar, perfectamente, a un alienígena congelado, durante unos segundos antes de que te eliminen por perder al coche que perseguías o algo así.


En otro lugar de la isla, por el desierto de Gran Señora, hay una serie de casas abandonadas y destartaladas. Si uno se pone a curiosear por las paredes, descubre una serie de recortes de periódico y de pintadas, que aluden a lo que parece ser la obsesión de un asesino en serie con el número 8. Hay gente que lo ha investigado a fondo, y ha encontrado también pintadas alusivas a un asesino múltiple en una roca cercana. Incluso, parece ser que una página web permite curiosear en la hemeroteca de un periódico (que no está indexado sino que hay que utilizar el buscador), que desvela los terribles asesinatos cometidos por este numerólogo loco. Como si uno investigara un caso en juego libre, buscando pistas, pintadas, recortes en las paredes aquí o allá, se puede resolver el asesinato, e incluso descubrir que el autor fue un familiar de uno de los pnj's a los que tuvimos que llevar en una misión aleatoria. Todo está terriblemente bien hilado, y todo es una parodia de los asesinatos de Charles Manson.


También es bastante conocido que uno de los muchos casoplones que hay por Vinewood Hills es una reconstrucción de la Mansión Playboy. De noche, cuando todos duermen, puedes encontrar luces y música en ese lugar, y un montón de gente festejando y mujeres en topless. Bueno, hay quien dice que es la Mansión Playboy, y realmente la estructura se asemeja mucho (con la piscina de rocas artificiales y todo, que parece que se puede bucear y hay un pasadizo oculto al interior de la mansión o algo así; aún no he descubierto cuál es la casa); aunque también alguien apuntaba en un vídeo que la casa puede parodiar la de Sharon Tate cuando los asesinatos de Manson, hilándolo con lo del asesino múltiple, porque si te acercas a los que están de fiesta estos se desvanecen como si fuesen fantasmas.


Por cierto, que también hay un fantasma, que solo se puede contemplar sobre una roca concreta a determinadas horas de la noche. Es un detalle precioso. Si te acercas mucho desaparece, pero puedes leer un nombre escrito con sangre en la roca... que te lleva a otras investigaciones macabras cuyas pistas están por todo el mapa y en páginas web dentro del juego no indexadas.


En el juego también aparece un entrañable bigfoot... aunque al final resulta ser un tipo disfrazado, como desvela una misión jugable. Aunque hay otro momento en el que tienes que matar a unos tipos por el bosque (de la guerrilla de Mayweather, una empresa privada de mercenarios que dan por culo durante todo el juego) con un rifle de francotirador con infrarrojos, y si desvías el cañón hacia una zona concreta, los infrarrojos desvelan otro extraño animal de forma humanoide.


Por el gigantesco mapa hay otras dos mansiones que apenas he visitado. En una de ellas habita una secta llamada Epsilon (nada que ver con la Secta Altruista de Chilliad donde se pueden llevar autoestopistas a ser sacrificados), que van con un pijama azul cielo y un collar al cuello. Al parecer ya existían en otras entregas del juego, y si les escuchas hablan de un misterioso líder que podría ser extraterrestre. Y en la otra mansión se escuchan ruidos raros y parece que hay pasadizos en los que puedes colarte también.


Si completas el 100% de las misiones principales, puedes empezar a ver otro tipo de cosas. Hay hasta 4 platillos volantes por el mapa: uno de ellos, clásicos, como los de "Encuentros en la tercera fase", gigantescos y con luces de colores, te lo encuentras si vas a la cima del Monte Chilliad en noche de tormenta a partir de las 3 de la mañana. No sé si se puede interactuar con él; pero ahí al lado hay una pared con un dibujo grabado a mano, lleno de misterios con los que llevan comiéndose el coco los jugadores estos tres años, que parece involucrar tanto al platillo volante como a un jetpack que no aparece, otro ovni estrellado y un extraño huevo. Es maravilloso que con millones de jugadores y tres años de juego, aún se siga especulando con este mural, y las equis y las líneas dibujadas, y nadie haya sabido resolver el misterio completo (y quien eso promete en sus vídeos de Youtube, suele ser un farsante que retoca todo con mods para que aparezcan marcianos).


Hay precisamente otro platillo volante hundido, por ahí en algún punto bajo el mar. También hay decenas de aviones estrellados bajo el mar, y vehículos de todo tipo, y una zona con muchos tanques y vehículos militares de los años 50, y por otro lado hay un esqueleto gigante de lo que parece ser un monstruo marino.

El tercer platillo volante aparece en una misión en la que Michael es abducido... pero en realidad todo parece ser un mal viaje lisérgico. La coña es que estos piratas que toquetean el juego con mods y trucos, aseguran haber entrado deteniendo el tiempo y moviendo objetos, y hay vídeos que muestran unos extraterrestres haciendo una autopsia de Michael, pero todo parece ser un fake.

El cuarto platillo es diferente, está justo encima del cuartel militar de Zancudo, muy muy arriba sobre las nubes, completamente negro y parece de construcción humana, como un misterioso experimento en el Área 51 rara que conforma toda esa zona.
Decía antes lo de las tías en topless, y es que tetas se pueden ver también por ahí si curioseas mucho, fuera de las bailarinas del Vanilla Unicorn. Yo me he encontrado tías en tetas en las playas de Palomino Highlands, durante las fiestas nocturnas de los fines de semana, y también una pareja tomando el sol en la azotea de un chalé en Vinewood. Las tetas no son un misterio paranormal, pero es como otro huevo de pascua (bueno dos), y mola buscarlas también.


Marcianos, bigfoots, monstruos gigantes, dinosaurios que aparecen de repente, fantasmas, ruidos en las mansiones victorianas o en los pasadizos subterráneos, sectas, asesinos en serie, autoestopistas, un muñeco de nieve gigante al que solo se ve por un agujerito, extrañas comunidades de hippies y vagabundos que no sé qué hacen ahí, animales de todo tipo con los que interactuar, un zombie en mitad del Paseo de la Fama, un mexicano que no para de hablar, locos por las esquinas... En fin, que cuando ya casi pensaba que me iba a aburrir de esto, descubro un filón de miles de cosas que seguir investigando, y un buen montón de detalles con los que los desarrolladores han querido seguir manteniendo la llama. Y más cosas en cada nuevo DLC que vendrá. Este tipo de vídeos de "misterios en GTA V" son una mina, y la gente sigue, aún hoy, descubriendo huevos de pascua, pintadas y cosas, y es que la zona de juego es muy grande. Aunque, como decía, muchos de esos vídeos son fakes, troleos que te hacen ir a mirar y luego plantan ahí un Slender Man súper mal hecho con el editor. Pero a mí me pica la curiosidad. Quiero ver el platillo volante, y más tetas.


Bueno, pues así es como he decidido terminar el mes de agosto, vertiendo literatura en torno a GTA V, como si hubiera poca en internet. Casualmente, después de este ratito tan majo aquí perdiendo el tiempo en mi blog, son las 23.55 del 31 de agosto de 2016. No tengo doce uvas, así que me voy a cenar dos rollitos de primavera que acabo de freír. Mis problemas con el mes de agosto vienen de lejos. Este año ha estado bastante bien en general, y he tenido bastante vida social, aunque aún así me haya sentido muy solo la segunda quincena. Pero son los nervios, estoy nerviosísimo, histérico, porque después de un año bastante majo, tengo que encontrar trabajo antes de quince días o comenzar a labrarme una reputación en los bajos fondos... ¡Me pido tía, en bragas y camiseta de tirantes!

Actualización 09/09



Vale, pues ya pasó. Como me temía, casi con el comienzo de septiembre, he perdido el interés, aunque sea de momento, por el juego. He superado agosto sin sobresaltos, sin miedos, sin disgustos, y hace unos días supe, en el momento en que apagué la consola, que no volvería a jugar al GTA V durante una larga temporada. He agotado el gusanillo, simplemente he perdido el interés; sin haber llegado a ver marcianos ni bigfoots ni muchas otras cosas. Los últimos días seguí haciendo misiones, llegando casi al 90%, pero es que... ya estábamos en septiembre. He visto la luz al final del túnel, y tengo muchas cosas que hacer ahora. Las vueltas que da la vida, que ahora mismo estoy debatiéndome entre la posibilidad de irme a vivir fuera de España, y todo. Como fuere, es este un gran juego. Seguro que algún día me pongo a jugar otra vez, pero de momento he tirado la toalla. Con un total de casi 4 días enteros jugando a esto en los últimos 40 días o así... Las últimas horas las pasé yendo de aquí para allá con mi último coche tuneado, concretamente un coche fúnebre de color rosa chicle, lleno de turbos, gadgets, apaños, con su ataúd y su corona de flores en el maletero. Descubrí bastantes cosas nuevas, superé las misiones de la secta Epsilon, y ahí me he quedado, juntos como hermanos, miembros de una secta. Volveré a Los Santos, probablemente, durante algún puente o en Semana Santa. Quizá manejándolo desde otro país, si me sonríe la suerte.